VII
JORNADAS DE HISTORIA DE LAS MUJERES Y
II
CONGRESO IBEROAMERICANO DE ESTUDIOS DE GÉNERO
“CAMBIOS EN LA ESTRUCTURA SOCIO-OCUPACIONAL
EN EL GBA DURANTE LOS ´90. UNA MIRADA DESDE LA PROBLEMÁTICA DEL
GÉNERO”
Melina Con, Elisa Epstein, Ana Pacetti
y Agustín Salvia (Coordinador)
PRESENTACION:
Es
evidente que la crisis del
empleo en la Argentina resulta un fenómeno particularmente intenso
cuyas razones no pueden reducirse a los cambios tecnológicos ni
a las crisis exógenas; ni tampoco pueden atribuirse a las transformaciones
estructurales reciente o a la crisis del modelo de convertibilidad.
Se trata de un problema complejo, cuya matriz fundamental reside
en la debilidad estructural de la capacidad de crecimiento económico
y en una distorsionada distribución del ingreso, todo lo cual parece
haber estado fuertemente asociado con la incapacidad política por
parte del Estado y de los sectores dominantes del capital para plantear
un sendero estratégico de desarrollo económico y social.
Sin
embargo, es también indudable que durante la década del noventa se implementaron
un conjunto de políticas económicas y reformas estructurales que
trasformaron las condiciones generales de reproducción de los hogares
y de manera particular la organización social del trabajo.A partir de este proceso, el desempleo, la precariedad del empleo
y la segmentación ocupacional han alcanzado una virulencia que afecta
en forma dramática la estructura ocupacional, el derecho a un trabajo
digno y la capacidad de gran parte de los hogares de acceder a niveles
mínimos de bienestar. Al
respecto, no son pocos los estudios propios y ajenos que permiten
evaluar con precisión el sentido y los alcances del deterioro que
experimentó el mercado de trabajo (Altimir y Beccaria (1999); Frenkel
y González Rosada (1999); Lindenboim (2001); Salvia (2001, 2002);
Serino y González (2002).
Los cambios ocurridos durante la década
se expresan en una redefinición de la situación y calidad de cada
una de las inserciones laborales. El saldo general de este proceso
fue la formación de una estructura socio-laboral más “moderna” en
su pirámide, pero también más segmentada, desigual y precarizada
en cuanto a las condiciones de reproducción social de los hogares
de sectores medios y populares. Partiendo de este contexto, este trabajo se propone reconocer y evaluar algunas de
las principales tendencias dominantes de la organización social
del trabajo –según principales categorías ocupacionales- en el área
metropolitana del Gran Buenos Aires (GBA), incorporando al análisis
de este proceso una perspectiva de género.
La ponencia se
organiza en tres secciones:
1) Se presentan
las principales tendencias del mercado laboral y la evolución de
diferentes categorías socio-ocupacionales contrastando los comportamientos
de hombres y mujeres desde 1990 hasta el 2001.
2) Se realiza
una comparación de la evolución y distribución de los ingresos laborales
según condición de género durante el período.
3) Para probar
qué tanto la condición de género constituye un factor de segregación
en la obtención de un empleo, se
presentan los resultados de modelos de regresión logística
ajustados para tal efecto (en los cuales interviene también la dimensión
temporal como otros factores sociodemográficos).
Los datos de la
EPH-INDEC que se utilizan para este estudio corresponden a las ondas
Octubre del período 1990-2001 correspondientes al Capital Federal
y Partidos del Conurbano (excluidas las áreas nuevas de la muestra).
La población objeto de estudio fue delimitada entre los 18 y los
65 años, siendo este el rango de edad que presenta mayor tasa de
participación en el mercado laboral.
1990-2001: MAS MUJERES EN EL MERCADO DE TRABAJO, PARA QUÉ?
En el gráfico que se presenta a continuación pueden observarse
las tendencias principales del mercado de trabajo para el período
estudiado: Un crecimiento importante de la desocupación y del empleo
precario, lo cual se correlaciona con una pérdida de peso relativo
de los empleadores, los asalariados protegidos y el trabajo cuenta
propia (este último en menor medida a partir de la segunda mitad
de la década). Con mayor detalle se observa que la dinámica ocupacional
en el GBA presentó la siguiente evolución:
Fuente: IIGG, FCS,UBA con base en datos EPH-INDEC.
·
La
desocupación creció de manera sostenida entre 1991 y 1996 (de 3,69% a 13,04 %) expresando un aumento de
10 puntos porcentuales aproximadamente, lo cual se vio acompañado
por una caída en la proporción de inactivos (de 33,70% a 28,75%)
en 5 puntos, en la pérdida de empleos de 5 puntos (de 62,62% a 58,21%)
de los trabajadores cuenta propia principalmente (de 16,65% a 12,9%)
y en un descenso de los asalariados protegidos en 2 puntos (27%
a 25%). En sus inicios, este aumento en la oferta de trabajo acompañó
la salida de la crisis hiperinflacionaria, en donde la necesidad
de recuperar ingresos por parte de los hogares se vio acompañada
por un aumento de las expectativas de obtener empleo. Pero de 1993
hasta 1996 la desocupación tomó un impulso de crecimiento más fuerte
y esto se debió tanto a la presión de la oferta que envió más miembros
del hogar al mercado como a la pérdida neta de puestos de trabajo
asociada con la insuficiente capacidad de generación de empleos
de la economía.
·
A
partir de 1994 se agudiza el proceso de precarización de la estructura
ocupacional. Los asalariados precarios, aumentaron de 9,3% en 1990
al 13,3% hacia 1998 –en referencia a la población ocupada este aumento
fue de 6 puntos porcentuales-, y disminuyó la proporción de asalariados
protegidos (de 27,7% a 23,4% hacia el 2001 -en referencia a la población
ocupada fueron 5 puntos porcentuales). En el contexto de crisis
y estancamiento económico, el peso de cada uno de los modos de inserción
laboral se modificó, profundizándose los procesos de segmentación
y precarización que continuaron hasta finales de la década.
·
Desde
1996 la desocupación mostró signos de recuperación descendiendo
3 puntos porcentuales hacia 1997 y manteniéndose estable hasta el
2000 para crecer abruptamente en el 2001. Durante este período,
la proporción de inactivos no se modificó, así la oferta no presionó
como en otras épocas al mercado y su efecto es amortiguado con la
creación de nuevos puestos de trabajo, en general formas de subempleo,
inestabilidad y baja rentabilidad. Al estancamiento de la economía
desde 1998 hasta el 2000 le siguió la crisis económica-política
e institucional de finales del período; en la cual el desempleo
creció abruptamente (de 10,6% a 13,85%) manifestándose la pérdida
de 250.000 puestos de trabajo aproximadamente en 1 año.
A continuación se analiza el modo en que
los cambios operados en términos generales afectaron las estructuras
ocupacionales según género. Al respecto, cabe destacar el aumento
significativo de la oferta laboral por parte de las mujeres, en
un contexto de estancamiento de la participación y de caída del
empleo en los varones.
En este sentido, la pérdida de incidencia
del empleo asalariado protegido no afectó igual a hombres y mujeres.
Mientras la estructura social masculina perdió mucho peso en esta
categoría (8%), las mujeres lograron incrementar su incidencia levemente.
En cambio, el aumento de la precariedad (3,1%) afectó en la misma
medida a hombres y mujeres. Sin embargo se observan diferencias
en la movilidad ocupacional. Las mujeres salieron de la inactividad
para pasar a un empleo precario; mientras que para los hombres fue
la pérdida del empleo protegido lo que parece haberlos llevado tanto
a la desocupación como a la precariedad.
Esta tendencia es también alimentada en ambos sexos por la
pérdida sistemática de empleos de trabajadores por cuenta propia
no profesionales y del servicio doméstico.
En efecto, el peso de estos trabajadores
informales cayó sistemáticamente al interior de la estructura social,
por lo menos hasta mediados de la década. Este movimiento afectó
con mucha más fuerza a los hombres. La situación de la mujer se
mostró relativamente más estable por hasta 1993 para luego acompañar
el descenso general. Durante el periodo 1996-1999, tanto varones
como mujeres buscaron alejarse del desempleo estructural refugiándose
en estas actividades.
Durante 1991-1996, el crecimiento de la desocupación impactó con la misma
intensidad y en el mismo
sentido en hombres y mujeres, creciendo en forma sostenida. No obstante
pueden identificarse dos situaciones: la desocupación en los hombres
se debió principalmente a la pérdida de empleos; en las mujeres,
el fenómeno se explica por el aumento de la oferta a lo largo de
toda la década. De esta manera, la pérdida de empleo entre los hombres
y sus consecuencias sobre los ingresos familiares habría motivado
(forzado) a las mujeres –sobre todo en los sectores más vulnerables-
a integrase al mercado para complementar las necesidades de gastos
de los hogares.





En el periodo 1996-1998, si bien la desocupación descendió tanto entre
los varones como entre las mujeres, fue entre estas últimas donde
el desempleo abierto se redujo más. A partir de 1997 los índices
de desocupación volvieron a incrementarse, pero ahora con mayor
incidencia relativa para los varones. Notablemente, en el año 2001,
el crecimiento de la desocupación casi no tuvo variación en las
mujeres debido a un aumento de la inactividad (muy probablemente
debido a un mayor impacto del desaliento); al tiempo que el desempleo
creció aproximadamente 6 pp en la población de varones (manteniéndose
estable su tasa de actividad).
DIFERENCIAS DE GÉNERO: INGRESOS SALARIALES O INGRESO AL MERCADO?
En este apartado se analiza los cambios experimentados
en los ingresos laborales diferenciados por género. En particular,
cabe preguntarse si los cambios ocurridos durante la década en materia
de empleo afectaron de la misma o de distinta manera a las remuneraciones
reales –a precios de 2001- de varones y mujeres para cada una de
las categorías laborales arriba analizadas. En el gráfico se presenta
la evolución de la razón de ingresos laborales por sexo para cada
categoría laboral.
En términos generales, podemos notar que
cualquiera sea el año de la década o categoría laboral considerada
los hombres presentan en promedio ingresos superiores (entre un
40 y un 50%) a los que reciben las mujeres.
En particular, las distancias más importantes se observan
en el cuentapropismo (con una proporción aproximada que va entre
1,6 y 2 veces) y luego en los empleadores (entre 1,3 y 1,8); con
menor desigualdad en los asalariados precarios (que se asemejan
a la media); y, por último, se destaca una discrepancia mucho menor
a nivel de género en los ingresos de los asalariados protegidos.
Fuente: IIGG, FCS, UBA con base en datos
EPH-INDEC.
Pero dado que los ingresos totales de los trabajadores
se ven afectados por la carga horaria, y dada la diferencia que
tiende haber en este sentido entre varones y mujeres, corresponde
analizar la evolución del ingreso horario real –también a precios
de 2001- para poder efectivamente reconocer diferencias de inserción
o efectos de discriminación según sexo.
Con respecto a la media
general del ingreso horario podemos notar que para todas las inserciones
el ingreso horario fue mejorando a lo largo de la década, sobre
todo de 1990 a 1994 (reactivación pos crisis hiperinflacionaria).
Si bien se presentaron altibajos relacionados con la crisis del
tequila y la posterior crisis del período 1999-2001, el resultado
general fue un incremento del 50% en la remuneración horaria reales
para todas las categorías como efecto general de una mayor estabilidad
monetaria. La inserción de mejor calidad fue la de profesionales
y empleadores, que se distanciaron del resto de las inserciones
triplicando sus niveles. El resto de las categorías, partiendo de
niveles casi similares, registraron comportamientos muy distintos.
Por una parte, fueron los ingresos de los asalariados protegidos
los que alcanzaron una situación relativa más favorable, separándose
del resto. Al mismo tiempo, fueron los trabajadores cuenta propia
y los asalariados precarios los más afectados en sus ingresos por
los ciclos económicos, especialmente los segundos. En este marco,
resulta relevante observar esta evolución según condición de género.
Evolución de
la Media de Ingresos Horarios de la Ocupación Principal de las Inserciones
Socio-Ocupacionales. Población de 18 a 65 años. GBA. 1990-2001.
Evolución Media del Ingreso
Horario de la Ocupación Principal de las Inserciones Socio-Ocupacionales.
Varones. Población de 18 a 65 años. GBA. 1990-2001.
Evolución Media del Ingreso
Horario de la Ocupación Principal de las Inserciones Socio-Ocupacionales.
Mujeres. Población de 18 a 65 años.GBA.1990-2001.
Razón de las horas
trabajadas Hombres sobre Mujeres de la Ocupación Principal de las
Inserciones Socio-Ocupacionales. Población de 18 a 65 años. GBA.
1990-2001.

En cuanto a los ingresos
horarios de Patrones y Profesionales, los ingresos fueron más favorables
para los varones que para las mujeres; y si bien en términos generales
aumentaron durante la década, este aumento se debió principalmente
a la mejora que experimentaron los ingresos de los varones
Por el contrario, para
la categoría Asalariados Protegidos observamos que fueron las mujeres
-no profesionales- las que presentaron diferencias positivas de
remuneración; y si bien también aquí el incremento tuvo lugar en
ambos grupos durante buena parte de la década, sólo en plena reactivación
(1992) encontramos una tendencia a la igualación de ingresos debido
a una mayor mejora en los varones. A partir de ese año y hasta el
final de la década creció la brecha de ingresos entre varones y
mujeres; y con la crisis de 2001 estas diferencias se ampliaron
aún más en un contexto de caída general de las remuneraciones horarias.
En el caso de los Asalariados
Precarios, si bien presentaron los ingresos horarios más bajos e
inestables del mercado, fue en esta categoría en donde las diferencias
de remuneración entre varones y mujeres fueron menores. Al comienzo
de la década eran las mujeres las que ganaban menos, logrando superar
los ingresos de los varones a partir de 1994 y hasta 1996, así como
durante 1998-1999. Sin embargo, al final del período –durante la
última etapa de recesión- las mujeres no lograron sostener esta
ganancia.
Por último, los ingresos
de los Trabajadores Cuenta Propia –después de la recuperación pos-inflacionaria-
tendieron a caer de manera sistemática. En todo el período las remuneraciones
de los varones superaron a las de las mujeres de manera sistemática
y con pocos cambios.



Tal como vemos,
la discriminación por género no puede ser totalmente explicada en
términos salariales, sino que cabe seguir explorando la naturaleza
de los trabajos en los cuales las mujeres se insertan. Un dato a
tener en cuenta es que la mayor incorporación femenina al mercado
laboral tuvo lugar en condiciones socio-ocupacionales altamente
deterioradas, tanto debido a la baja calidad de los empleos demandados
como por las condiciones de reproducción de las economías domésticas
afectadas por el desempleo y la caída de ingresos de los preceptores
tradicionales. En este sentido, la mayor participación de la mujer
en el mercado laboral asumió durante la década un efecto claramente
“competitivo” tanto en puestos como en ingresos en los diferentes
segmentos de empleo (tanto en el sector formal como informal).
Al respecto, cabe
observar que durante la primera etapa de recuperación, los ingresos
mejoraron en general; pero a mediados de la década y sobre todo
en los momentos de crisis, la estructura social de ingresos se volvió
más rígida y regresiva para casi todas las categorías, con excepción
de los empleadores y profesionales y de los empleos asalariados
protegidos. Es también relevante destacar que fue en esta última
categoría donde las mujeres tendieron a aventajar más a los varones
en términos de ingresos y ocupación.
OBTENER
UN EMPLEO FORMAL: PROBABILIDADES PARA HOMBRES Y MUJERES
Partiendo del contexto
de heterogeneidad social descrito a lo largo de este trabajo, se
intentará ahora probar el peso y sentido del efecto diferencias
de género en la determinación de la probabilidad de acceder a un
empleo de calidad, a la luz de un conjunto de otros condicionantes
que sabemos intervienen de manera compleja sobre el mercado laboral.
Para ello se probaron modelos multivariados de regresión logísticas,
resultando esta técnica la más idónea tomando particularmente en
cuenta que puede ser reconocido el efecto y la fuerza específica
de cada factor manteniendo constante el resto de los efectos (ver
anexo metodológico).
Al respecto, nos preguntamos:
¿cuáles han sido los principales factores que incidieron en la capacidad
de los demandantes de empleo para incorporarse y/o acceder al mercado
de trabajo formal durante la década de estudio? ¿Tales factores
pesan en el mismo sentido y de la misma forma para los hombres y
para las mujeres? ¿Cuál es la importancia de las diferencias de
género en comparación al resto de condicionantes?
En este sentido, se abordó el problema a partir de analizar las condiciones
asociadas a las nuevas formas de inserción laboral creadas a lo
largo de período de estudio. Para ello se tomó con unidad de observación
los empleos o desempleos (excluyendo a empleadores y profesionales)
que con una antigüedad menor a un año (de una onda a otra de la
EPH) se mantuvieran vigente al mes de medición (mes de octubre),
para cada uno de los años del período: 1990-2001. Este recorte buscó
evitar la contaminación que sobre la cuestión planteada (poder evaluar
las condiciones asociadas a los nuevos tipos de empleos que se crearon
año tras año durante el período 1990-2001) generan los estudios
socio-ocupacionales que utilizan un método de estática comparada
manteniendo los stocks históricos. Esto debido a que tales series
arrastran y acumulan los empleos o desempleos que se generan por
inserciones laborales que anteceden a cada año del análisis.
A partir de este recorte temporal, las
formas de inserción laboral observadas para cada período anual fueron
clasificadas en dos grandes categorías: por una parte, los empleos
asalariados ligados al sector formal de la economía -con trabajos
estables y protegidos bajo las normativas vigentes- (Empleo Formal);
y por otro lado, la condición de masa
marginal en que queda la fuerza de trabajo afectada por el desempleo
no estructural y/o por las formas informales de participación en
el mercado de trabajo (Marginalidad Laboral). En esta ultima categoría se incluyó a los asalariados
precarios, a los trabajadores cuenta propia no profesionales, a
los trabajadores del servicio doméstico y a los desocupados de hasta
de 1 año en esta condición.
Definidas de este
modo las categorías de la variable dependiente (Inserción Socio-Ocupacional),
se ajustaron diferentes modelos multivariados de regresión logística
con el objetivo de estimar, dado un conjunto definido de factores
independientes (incluyendo la variable género) la probabilidad de
la fuerza de trabajo disponible de poder ingresar al sector informal
o permanecer desocupada (Marginalidad Laboral) (1); en comparación
con la probabilidad de ingresar al mercado de trabajo formal (Empleo
Formal) (0).
Las variables
explicativas incluidas en los modelos fueron las siguientes: género,
edad, estado civil, nivel de instrucción, estrato socio-económico
del hogar (quintil de ingresos por cápita familiar) y ciclo económico.
El primer modelo propuesto permitió medir el efecto específico de
cada una de estas variables sobre la probabilidad de caer o estar
en situación de marginalidad laboral. Al mismo tiempo se ajustó
el mismo modelo pero segmentando por género. La formulación estadística
del modelo y los resultados obtenidos pueden ser consultados en
el Anexo Metodológico.
Análisis de Resultados de las Regresiones Logísticas
Al evaluar en el
modelo de regresión general las posibilidades de varones y mujeres para caer en la marginalidad
laboral durante la década del noventa, controlando por el resto
de los factores independientes, resulta que éstas son mayores para
las mujeres.
En primer
lugar, puede afirmarse que los principales factores que influyen
en la probabilidad de obtener un empleo protegido son el nivel de instrucción y el estrato de ingresos. Por otra
parte, queda demostrado que la variable género constituye un factor
importante en la determinación del tipo de inserción, pero tiene
menos peso que las dos variables anteriores; no obstante su incidencia
en el modelo es mayor que el estado civil y la edad.
La edad es un factor significativo: dejar de ser joven
e ir hacia las edades centrales
incrementa las probabilidades de acceder a un empleo asalariado
protegido, en tanto que al acercarse a edades mayores, las probabilidades
de ingreso a este tipo de empleo disminuyen, haciéndose más probable
caer en la marginalidad laboral. Además, dejar de ser soltero para
ser casado o unido perjudica la inserción ocupacional. Con respecto
al nivel educativo, las personas con educación formal se ven beneficiadas
para obtener un empleo de mejor calidad. El estrato social incide
en las probabilidades de obtener un empleo formal, el hecho de pertenecer
a los quintiles de ingresos más bajos está asociado a condiciones
de marginalidad laboral. Por último, al incorporar la dimensión temporal
es notorio que el acceso a un empleo protegido se vio disminuido
desde mediados de la década, lo que corrobora que durante este período
el mercado formal se hizo más rígido en relación con período 1990-1992.
A partir de aquí se exponen
los resultados de los modelos de regresión segmentados por género.
En tal sentido, se observa que mientras que para los varones ser
unido o casado incrementa las probabilidades de obtener un empleo
protegido, para las mujeres este atributo aumenta las probabilidades
de marginalidad laboral. Ser viuda/o o separada/o no es una factor
significativo con relación al ingreso o no al mercado formal para
ninguno de las dos condiciones de género. Con relación al nivel
educativo, el mercado de trabajo protegido opera de modo distinto
para varones y mujeres. Éstas tienen
más chances de alejarse de una situación marginal en la medida que
aumentan su nivel de instrucción. Entre una mujer o un varón con
nivel primario completo la primera tiene mayores probabilidades
de obtener un empleo protegido, lo mismo sucede con el nivel secundario.
Por su parte, pertenecer a hogares con ingresos altos favorece la
entrada al mercado formal, tanto para mujeres como para varones.
Por último, los ciclos económicos inciden de forma similar para
ambos sexos.
En términos generales es posible
afirmar que los factores que disminuyen las posibilidades de caer
en la marginalidad y obtener un empleo protegido son: pertenecer
a estratos sociales de ingresos altos, tener mediana edad y secundaria
completa o más. En general, las mujeres presentan menores probabilidades
de insertarse al mercado protegido, pero mejoran esta situación
sólo en la medida que incrementan su instrucción. Estar casado o
unido incide positivamente en los hombres y afecta negativamente
a las mujeres. A partir de mediados de la década, acceder a un empleo
marginal fue cada más probable en comparación con los primeros años
del período.
CONCLUSIONES:
Durante la década de los
noventa se pueden percibir los efectos de los ciclos económicos
en la estructura del empleo y la evolución de la desocupación. Con
relación a los ingresos, en términos generales, observamos que la
estructura ocupacional se ha estratificado mientras que, con respecto
al desenvolvimiento y capacidad de resistencia ante los ciclos económicos,
se vislumbra una tendencia de polarización social.
Desde la perspectiva de
los ingresos, se produjo una tendencia de estratificación creciente
en la cual las categorías socio-ocupacionales se agruparon de la
siguiente manera: por un lado los Profesionales y Patrones, por
otro los Asalariados Protegidos y, por último, los
Asalariados Precarios y Trabajadores Cuenta Propia
Desde la perspectiva de
la vulnerabilidad ante los ciclos económicos, se conformaron dos
grupos: por un lado, los Profesionales y Patrones junto a los Asalariados
Protegidos, que son las categorías que se ven menos afectadas en
los momentos de crisis y además logran sostener gran parte de sus
mejoras en los momentos de estabilidad y prosperidad. Por otro,
los Asalariados Precarios y Trabajadores Cuenta Propia, que fueron
más vulnerables a los cambios económicos de la década.
En el comportamiento
según condición de género, se observaron disparidades. Ellas presentan
una incorporación frustrada a un mercado segmentado y deteriorado
en términos de ingresos y precariedad. Notamos que los cambios en
la composición de la estructura socio-ocupacional se ven reflejados
principalmente en los períodos de crisis (1993-1995, 1997-1998,
2000-2001). Interpretamos que en el período de crecimiento económico,
las trabas para el ascenso social se encontraban mas relajadas que
en los momentos de crisis, algunas categorías socio-ocupacionales
se vieron menos afectadas que otras por los ciclos económicos y
de esta forma pudieron responder diferencialmente a los mismos.
Varones y mujeres se diferencian en las causas de la desocupación:
En ellas se da por disminución de la inactividad, casi no pierden
empleo; en ellos resulta de la expulsión del mercado (principalmente
en el asalariado protegido, seguido del trabajo cuenta propia).
La categoría laboral que más
creció durante la década anterior, la de asalariado precario, fue
no sólo la de menores ingresos sino también el principal componente
–junto con la desocupación- que más absorbió población femenina.
Por otro lado, la categoría de asalariado protegido fue una categoría
de rotación que también privilegió el ingreso de mujeres calificadas
(a la vez que salían varones), y en donde ellas se vieron favorecidas
en términos de ingresos horarios. Para el resto de las categorías,
los ingresos horarios de los varones superaron a los de las mujeres.
Con relación a la capacidad
de respuesta y resguardo de los ciclos económicos, la diferencia
por género no radica en que ellas pierden salario en los períodos
de crisis sino que son ellos los que logran recuperarse más fácilmente
en los períodos de reactivación.
Los modelos de regresión logísticas
ajustaron mostraron, controlando un conjunto de factores socio-demográficos,
que no son iguales las probabilidades de varones y mujeres de caer
en la marginalidad laboral durante la década del noventa. Son las
mujeres las que más vulnerables se encuentran a constituir una nueva
masa marginal de la fuerza de trabajo. Al mismo, se registra que
para ellas esta situación está fuertemente determinada por el estado
civil y el nivel de instrucción, los cuales operan como factores
significativos de discriminación en las relaciones de mercado para
las mujeres.
La diferenciación por género no hace más que recoger
un dato conocido en cuanto a las diferencias que existen entre los
sexos, recogiendo de manera particular el creciente protagonismo
que viene asumiendo la mujer en las tareas de reproducción social,
en la vida ciudadana y como reemplazo o complemento del varón en
el mercado de trabajo. Sin embargo, cabe destacar que esto tiende
a ocurrir no sin un alto costo personal para la mujer y el grupo
familiar. Al mismo tiempo que ese mismo varón parece sufrir –frente
a la crisis del empleo y el cambio de roles- la pérdida creciente
de sus tradicionales modos de integración y de socialización personal,
familiar y social.
Las sucesivas políticas de ajuste incidieron negativamente
sobre los
sectores más vulnerables, principalmente en las mujeres de hogares
pobres, que debieron absorber el impacto del ajuste por la vía de
trabajar arduamente, dentro y fuera del hogar; ingresando masivamente
al mercado laboral multiplicaron precarias e innovadoras iniciativas
de empleo desarrolladas básicamente en el ámbito local. La inserción
de las mujeres en áreas peor remuneradas reproduce o agudiza la
pobreza y en conjunto con la desocupación que vuelve ineficientes
el uso de los recursos humanos disponibles, no favorecen un crecimiento
con equidad.
En este sentido la flexibilización del mercado de
trabajo y los fenómenos a ella asociados, la configuración de espacios
de desocupación, la segmentación y precarización del mercado y sus
consecuencias de inestabilidad en el empleo, salarios reducidos
y malas condiciones de trabajo, constituyen el marco en el que actualmente
las mujeres ejercen cotidianamente sus estrategias de resistencia,
subsistencia e intentos de superación social.
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desempleo, subempleo y precariedad laboral”. Documento de Investigación
AE/Notas/SL01, Area Económica, Departamento de Investigación
Institucional, Universidad Católica Argentina, mayo 2002.
Serino, Leandro y M. González (2002): “Dinámica económica y
empleo: Reflexiones acerca de sucesos inevitables”, en Lavboratorio
Año 4, No. 9, Invierno de 2002, Buenos Aires.
Anexo
Metodológico: Análisis de Regresión
En
función de poder evaluar el impacto de los factores considerados
sobre la probabilidad de ser Formal, se ajustó un modelo Logístico
Binomial. Este modelo estima la probabilidad de caer en la marginalidad
de la siguiente forma:
.
De este modo, la variable dependiente
(Y) INSERCIÓN SOCIO-OCUPACIONAL se definió bajo los siguientes términos:
0 = Empleo Formal (trabajadores asalariados
con descuento jubilatorio), 1 = Marginalidad Laboral (trabajadores
asalariados precarios, trabajadores por cuenta propia y servicio
doméstico -con hasta un año de antigüedad en el empleo- y desocupados
-con hasta un año de antigüedad en la desocupación-). Por
lo tanto, la probabilidad de que un empleo o desempleo califique
de Marginal es la esperanza matemática de que la variable INSERCIÓN
tome valor 1, condicionada a las variables explicativas (Xi) seleccionadas.
El
modelo Logístico no es lineal sino que presenta la siguiente forma:
[1]
donde Z está definida
como:
para un modelo con k
variables explicativas o independientes.
Definida la probabilidad de
ser Marginal como Pi, la probabilidad de que la
forma de inserción no sea marginal será su complemento (1-Pi), es decir,
Las variables independientes
(Xi) intervienen en el modelo son
las siguientes:
·
Género: La variable clasifica a los ocupados
incluidos en el modelo según sexo, con las categorías: 0 = mujer;
1 = varón.
·
Edad: El modelo capta de manera continua el
efecto de los años inferiores
·
Edad al cuadrado: El modelo capta de manera
continua el efecto de los años superiores
·
Estado Civil: Variable clasificada originalmente
en 3 categorías, fue transformada en dos variables dummy: Estado
(1): 0 = soltero, 1= casado; Estado (2): 0 = soltero, 1 = viudo
o separado.
·
Nivel educativo: Variable clasificada originalmente
en 4 categorías, fue transformada en tres variables dummy: Nivel
(1): 0 = hasta primaria incompleta, 1 = primaria completa; Nivel
(2) 0 = hasta primaria incompleta, 1 = secundaria
incompleta; y Nivel (3): 0 = hasta primaria incompleta, 1 = secundaria
completa y más.
·
Estrato de Ingresos (por equivalente adulto):
Variable clasificada originalmente en 3 categorías, fue transformada
en dos variables dummy: Estrato (1):
0 = 1º y 2º quintil, 1 = 3º y 4º quintil; Estrato (2): 0 = 1º y 2º quintil, 1 = 5º Quintil 5.
·
Ciclos Económicos: Variable clasificada originalmente
en 5 categorías, fue transformada en cuatro variables dummy: Ciclos
(1): 0 = 1990-1992, 1 = 1993-1994; Ciclos (2): 0 = 1990-1992, 1
= 1995-1996; Ciclos (3): 0 = 1990-1992, 1 = 1997-1998; Ciclo (4):
0 = 1990-1992, 1 = 1999-2001.
Los resultados
de las regresiones logísticas fueron los siguientes:
|
|
Ambos
sexos
|
Varones
|
Mujeres
|
Variables y categorías
|
Exp (B)
|
B
|
Exp (B)
|
B
|
Exp (B)
|
B
|
|
Genero
|
Mujer
Varón
|
0,64
|
***-0,44
|
|
|
|
|
|
Edad
|
0,92
|
***-0,07
|
0,93
|
***-0,07
|
0,90
|
***-0,10
|
|
Edad
al cuadrado
|
1,00
|
***0,00
|
1,00
|
***0,00
|
1,00
|
***0,00
|
|
Civil
|
Soltero
Unido
o Casado
Separado
o Viudo
|
0,83
No stva.
|
***-0,18
No stva.
|
0,62
No stva.
|
***-0,47
No stva.
|
1,37
No stva.
|
***0,31
No stva.
|
|
Nivel
|
Primaria
incompleta
Primaria
completa Secundaria
incompleta
Secundaria
completa y más
|
0,82
0,77
0,40
|
**-0,18
***-0,25
***-0,91
|
No stva.
0,84
0,52
|
No stva.
*-0,16
***-0,64
|
0,55
0,45
0,19
|
***-0,60
***-0,79
***-1,65
|
|
Estratos
|
Quintil
1 y 2
Quintil
3 y 4
Quintil
5
|
0,50
0,40
|
***-0,70
***-0,92
|
0,53
0,45
|
***-0,62
***-0,78
|
0,40
0,30
|
***-0,90
***-1,20
|
|
Ciclos
|
1990
– 1992
1993
– 1994
1995
– 1996
1997
– 1998
1999
– 2001
|
No stva.
1,70
1,31
1,51
|
No stva.
***0,52
***0,27
***0,41
|
No stva.
1,60
1,27
1,50
|
No stva.
***0,47
***0,23
***0,40
|
No stva.
1,80
1,40
1,54
|
No stva.
***0,58
***0,33
***0,43
|
|
Coeficiente
|
Ambos
sexos
|
Varones
|
Mujeres
|
|
R2 Nagelkerke
|
0.12
|
0.09
|
0.18
|
|
Chi- cuadrado
|
1553.409
***
|
698.65***
|
1017.10***
|
Notas: *** Más del 99% de confianza ** Más
de 95% de confianza * Más de 90% de confianza