Parcial Domiciliario

CATEDRA RUBINICH
PRIMER CUATRIMESTRE 2001

 

1. Artículo de Denis Merklen

a). Analice el fragmento de “Vivir en los márgenes: la lógica del cazador. Notas sobre sociabilidad y cultura en los asentamientos del Gran Buenos Aires hacia fines de los ‘90” a partir de la noción de igualdad formal y el concepto de ideología del don.

b). Integre este análisis a la lógica de la reproducción social y cultural desarrollada por Bourdieu y Passeron.

 

A su regreso de Brasil, Javier ingresó al secundario, recorrió todo el camino y obtuvo su diploma de perito mercantil. Claro que entre tanto ya habían comenzado los problemas de su padre con la fábrica de zapatos. Eran los tiempos en que la familia había comenzado un sinuoso camino por los barrios de Buenos Aires aprendiendo a vivir en la inestabilidad. De Belgrano pasaron a Floresta y de allí al asentamiento en La Matanza, sólo en cinco años. Estas mudanzas significaron otros tantos cambios en los colegios en los que Javier estudió: comenzó el bachiller en una escuela secundaria en Flores en 1981, donde cursó hasta la mitad de segundo año y abandonó. Retomó unos años después en Ramos Mejía, volvió a abandonar, y finalmente se reinscribió en 1985 en un colegio comercial donde se graduó como perito mercantil en 1989. Lo cierto es que terminó cuando ya vivían en el asentamiento y se decidió a ingresar en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Alcanzó a cursar el año de Ciclo Básico Común y algunas materias del primer año de la carrera, después de lo cual también abandonó.

Le tocaba cursar el CBC en la Ciudad Universitaria. Para ir hasta allí desde El Tambo hay que tomar un colectivo hasta la Avenida Gral. Paz y luego otro que recorre casi todo el contorno de la ciudad hasta llegar a la universidad. Son casi dos horas de viaje, y bueno es recordar aunque todo el mundo lo sepa que el Estado no ofrecía entonces -ni ofrece hoy- ningún tipo de albergue para los jóvenes, ni comedores de bajo costo, ni ayudas para el transporte (1). La actividad estudiantil le exigía cuatro horas diarias de viaje, lo que no era un escollo menor. Pero además Javier estaba en ese momento sin trabajo, lo cual, en lugar de ser una ventaja para dejarle tiempo libre para estudiar, era su principal problema, pues no tenía plata para el boleto.

Muchas veces conseguía que los colectiveros lo llevaran sin pagar, primero el 629 hasta la General Paz y desde allí "el 28, que también me llevaba" y, cuando no, él hacía efectiva una "beca" en el transporte colándose. No alcanzamos a preguntarle cómo se las arreglaba con los libros, aunque probablemente nunca los haya comprado. Lo cierto es que confiesa que en muchas materias "no entendía nada. En matemática si no era por una minita que me pasaba unos apuntes, no cazaba una, porque el profesor te sobraba y decía que ahí él no estaba para enseñarte a dividir. Y yo no preguntaba para joder, lo que pasa es que no entendía".
Sin embargo, entre las cosas que llevaron a Javier a dejar la Facultad de Medicina no sólo se cuentan los problemas económicos, urbanos o de aprendizaje. Todo el tiempo él se sintió un extraño, entre los estudiantes de la Universidad de Buenos Aires. Allí sentía que sus compañeros "eran todos carilindos, que en las clases no se levantaba la mano para preguntar algo que no entendías sino para mostrar cuánto sabías del tema", y los profesores hablaban en un lenguaje que le resultaba incomprensible, quedándole la sensación de que "no les importaba nada explicarte". Javier no esperaba en la universidad una institución capaz de garantizarle las condiciones económicas y materiales que hicieran posible su estudio, probablemente porque la sociedad carece de una tradición en este sentido. Pero tampoco estaba dispuesto al rechazo social. No solamente le faltaban los soportes materiales para encarar un proyecto de formación universitaria, sea que éstos provinieran del ámbito familiar o institucional; también carecía de los soportes culturales que le permitieran integrarse a un medio que le resultaba extraño: "Yo sentía que eso no era para mí, y si no era para mí me voy. Es otro mundo, ¿me entendés?".

Merklen, Denis: "Vivir en los márgenes: la lógica del cazador. Notas sobre sociabilidad y cultura en los asentamientos del Gran Buenos Aires hacia fines de los '90", en Svampa, Maristella (comp..): Desde abajo. La transformación de las identidades sociales, Biblos/UNGS, 2000, pp. 92-94.

Nota

(1) La Universidad de Buenos Aires tiene unas "becas de ayuda económica". Pero el monto y la cantidad de becas están muy lejos de cubrir las necesidades del estudiantado. En 1996 la beca para un estudiante de Sociología, por ejemplo, era de 150 pesos por mes, y necesitaba ochenta para cubrir los gastos del transporte diario de La Matanza a la Ciudad Universitaria. Aún le quedaban dos pesos diarios para... Además, la universidad da menos de diez becas para una facultad como la de Ciencias Sociales, cuya población es de más de cinco mil alumnos.


 

2. Artículo de Linda Chavez

a). Identifique los elementos de diferente orden (económico, social o cultural) mencionados en el artículo “Por qué no hay muchos latinos en la universidad” y qué peso se le atribuye a cada uno. ¿En qué medida pueden considerarse como limitaciones los elementos que la periodista denomina "la cultura latina"?

b). Integre este análisis a la lógica de la reproducción social y cultural desarrollada por Willis.

 

 

Por qué no hay muchos latinos en la universidad*

Sólo se recibe el 9% de los inmigrantes de ese origen.

Su sistema de valores privilegia el trabajo y la familia antes que la educación.

Por Linda Chávez

Cuando se trata de una fuerte ética de trabajo y devoción a la familia, a los latinos no les gana nadie. Son el grupo que tiene mayor participación en la fuerza laboral y también son los que más a menudo viven en hogares constituidos por una pareja casada y con hijos. Estos sólidos valores, sin embargo, tal vez no sean suficientes para que los latinos tengan el éxito asegurado en los Estados Unidos. En realidad, y aunque parezca extraño, tal vez sean esas mismas virtudes las que impiden avanzar a los jóvenes latinos, ya que los alientan a sacrificar una mejor educación y el progreso personal en aras de sus familias.
Los jóvenes latinos nacidos en los Estados Unidos, sean blancos o negros, tienen una marcada tendencia a ponerse a trabajar en cuanto terminan el colegio secundario en lugar de asistir a la universidad. Además, la mayor parte de los jóvenes inmigrantes latinos privilegian el trabajo en detrimento de la escuela, con lo que ni siquiera obtienen su diploma secundario. Esto constituye un problema particularmente alarmante, dado que en la actualidad los inmigrantes superan a los nacidos en los Estados Unidos en el total de la población latina.
Según surge de una reciente investigación de la Comisión de Censo de los Estados Unidos, un 80 por ciento de los latinos norteamericanos de entre 25 y 44 años terminaron el colegio secundario. Sin embargo, mientras el 44 por ciento de los jóvenes latinos estadounidenses inició estudios universitarios, sólo el 13 por ciento terminó su carrera.
Las cifras son mucho peores en lo que respecta a los inmigrantes latinos de entre 25 y 44 años terminó la escuela secundaria; menos de la cuarta parte ingresó a la universidad y sólo el 9 por ciento obtuvo una licenciatura o un título superior.
Por el contrario, un 48 por ciento de los jóvenes negros y casi el 60 por ciento de los jóvenes blancos tiene cuatro años de estudios universitarios o un título de grado.
En momentos en que la educación universitaria constituye una verdadera credencial de ingreso a la mayor parte de los empleos de clase media, el nivel educativo inferior de los latinos hace suponer que tendrán ingresos sustancialmente menores durante toda la vida.
El ingreso anual promedio de alguien que trabajaba tiempo completo y tenía un título secundario era de aproximadamente 23.500 dólares en 1998, mientras que alcanzaba los 43.700 dólares en el caso de egresados universitarios. Sin embargo, a pesar de las evidentes ventajas de la educación superior, los muchos los jóvenes latinos que optan por sumarse al campo laboral con una preparación que está lejos de ser la ideal.
¿Por qué no hay más latinos en la universidad? La respuesta más fácil -la que invoca la mayor parte de las organizaciones de defensa de los latinos- es que no pueden pagarla. Sin embargo, en momentos en que la asistencia financiera es muy accesible y en que otras minorías en iguales condiciones de desventaja -tales como los negros- asisten en mayor proporción a la universidad, esta explicación no basta. La decisión de los latinos de no continuar con su educación constituye algo más voluntario y consciente, que refleja un sistema de valores que da prioridad a la familia, incluso a expensas del desarrollo individual.
Las familias latinas tienden más que las negras y las blancas a depender de la suma de ingresos de varios integrantes de la familia, entre ellos, adultos y niños que viven en la misma casa.
El investigador de California Gregory Rodríguez realizó importantes análisis del ingreso latino que indican, por ejemplo, que cuando se toma como variable el ingreso familiar en lugar de individual, da la impresión de que a los latinos les va muy bien.
De hecho, en diversos estudios sobre latinos que viven en el sur de California, Rodríguez demostró que aproximadamente la mitad de las familias latinas norteamericanas pertenecen a la clase media, lo que se define según el ingreso familia y la propiedad de una vivienda.
Los estudios también indican que es posible que las familias latinas estén logrando un mayor éxito económico inmediato, arriesgando su seguridad económica futura. La inversión en educación supone sacrificios en otras áreas, sobre todo en el caso de familias que apenas consiguen mantener un estilo de vida de clase media. También puede significar la pérdida del ingreso de los adultos jóvenes de la familia, que podrían estar trabajando en lugar de perfeccionando su educación. Esto podría tener graves consecuencias en lo que respecta a la situación económica de los grupos familiares que dependen de varios sueldos.
Los latinos no son el primer grupo que se encuentra ante este dilema. Los ítalo-norteamericanos, por ejemplo, ingresaron a la clase media por un camino similar. En realidad, fue recién en 1972, 60 años después del auge de la inmigración italiana que los ítalo-norteamericanos como grupo pudieron ponerse a la par de los demás norteamericanos en lo que a educación se refiere.
Es muy importante que las familias latinas se den cuenta de que las decisiones que toman hoy, aparentemente justificadas por el reto económico que se les plantea, probablemente van a dificultar las cosas para que los latinos se afiancen en el seno de la clase media.
Para muchas familias latinas, el costo de la educación superior supone postergar el sueño de la casa propia o endeudarse para financiar aranceles universitarios y libros. Sin embargo, esta inversión en educación rinde sus frutos con el tiempo. Sin esto, por otra parte, los latinos no podrán ir más allá de su actual situación de clase media baja.

 

* Extraído del Diario Clarín. Domingo 10 de diciembre de 2000