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AQUI NOMAS: CIENCIAS EXACTAS

Superconductividad

Por Ileana Lotersztain

En el laboratorio de bajas temperaturas de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, el grupo de la doctora Victoria Berkeris investiga la superconductividad de alta temperatura crítica.

El estudio de la superconductividad comenzó a principios de este siglo, cuando el físico holandés Heike Onnes descubrió que si se enfría mercurio a una temperatura que 269 C bajo cero, se puede pasar una corriente eléctrica a través del material sin que se pierda energía en forma de calor.

Con el mercurio a la cabeza, los superconductores se perfilaban como una forma perfecta de transmitir energía a grandes distancias. Pero había un problema: como el fenómeno se manifestaba a bajas temperaturas, el costo de refrigeración hacía muy poco práctico el uso de estos materiales. La verdadera revolución se produjo en 1986, cuando se descubrió un nuevo compuesto que era superconductor a una temperatura no tan baja.

En el laboratorio de Bekeris se estudia cómo responden los superconductores de alta temperatura a los campos magnéticos. La científica cuenta que otra propiedad importante de estos materiales es su capacidad de expulsar los campos magnéticos. Ahora bien, cuando el campo supera un valor crítico ya no puede ser repelido y penetra en el superconductor en forma de líneas de flujos magnéticos, llamadas vórtices. El problema es que al hacer pasar corriente por el material, esos vórtices se mueven y parte de la energía se pierde como calor.

El grupo de Exactas utiliza en sus experimentos óxidos de cobre que poseen algunas imperfecciones en las que los vórtices pueden "agarrarse", les aplican un campo magnético y estudia lo que pasa a tiempos muy cortos. Como se trabaja a temperaturas más altas que en la superconductividad tradicional, la energía térmica hace que los vórtices se muevan una y otra vez y disminuyan la eficiencia del superconductor.

Bekeris y sus colegas intentan comprender cómo se comportan las líneas de flujo en esas condiciones, para poder así modificar los materiales para que conserven sus propiedades intactas aun a campos altos.

La investigadora comenta que la superconductividad tiene muchísimas aplicaciones. Una de ellas, quizá la más importante, es la posibilidad de transmitir electricidad a grandes distancias sin perder energía.

Publicado en “Futuro”, Página 12, el sábado 29 de diciembre de 1998.

 

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