UN RECURSO VITAL
ESCASO
Sangre artificial
Por Agustín Biasotti
(Informe: Gisella Natalia Lifchitz)
La sangre es un bien escaso cuya demanda aumenta a
medida que crece y envejece la población. En tiempos de sida, el riesgo de las donaciones
aumenta y los científicos buscan un sustituto limpio y en cantidad que asegure una mayor
disponibilidad para los casos de emergencia. Este camino no es simple, pero ya existen
algunos productos que engañan a la biología con cierta efectividad y dan más tiempo a
los médicos para decidir la necesidad de una transfusión.
"Sin pecados, sangre
sin aliados, sangre
robótica, sangre
musical, sangre
matemática, sangre"
Roberto "Palo" Pandolfo,
Sangre
La búsqueda de una sustancia que pueda cumplir con las
numerosas e indispensables tareas de la sangre, la búsqueda de la sangre artificial,
cuenta con sus buenos años. En 1656, un tal Christopher Wren le administró vino a un
perro en forma intravenosa, con la firme esperanza de que las cualidades espirituosas de
esta bebida pudieran suplantar al espíritu vital de la sangre. Tres siglos más tarde, a
mediados de los años 80, la búsqueda de un sustituto para este fluido rojo tomó un
nuevo y definitivo impulso. Había llegado el sida y la sola mención de la palabra sangre
ponía la piel de gallina. Ya no era un sinónimo de vida, ahora se la sospechaba, no sin
algo de razón, un vehículo de muerte.
Aquella sangre tan temida
Si bien a fines del siglo XX el contagio del sida es el
temor más firme que genera una transfusión, la lista de posibles inconvenientes que
ésta puede acarrear es larga: reacciones febriles y reacciones hemolíticas, enfermedad
injerto versus huésped o sobrecarga circulatoria. Según el doctor Oscar Torres,
secretario científico de la Asociación Argentina de Hemoterapia e Inmunohematología
(AAHI), esto se debe a que la sangre es un tejido vivo y, como tal, puede ser aprovechada
como medio de transporte por virus, bacterias y parásitos que desean recorrer el
organismo humano. De los primeros, los más comunes son los que causan las hepatitis B y
C, el citomegalovirus, el HTLV-1/11, y el tristemente célebre HIV; de los segundos, el
agente causal de la sífilis y el de la brucelosis; en cuanto a los parásitos, el de la
toxoplasmosis y el del mal de Chagas son los que más abundan por estos pagos. En la
Argentina, la legislación que obliga a los bancos de sangre a verificar si las unidades
de sangre a transfundir se encuentran contaminadas con algún microorganismo
potencialmente peligroso para el ser humano -la Ley Nacional de Sangre Nº 22.990- prevé
un conjunto de análisis que permiten detectar los marcadores serológicos para la
sífilis, el mal de Chagas, la brucelosis, la hepatitis B y el sida. Gracias a estos
análisis, entre el 10 y el 11 por ciento de las unidades de sangre que son testeadas se
descartan. Por su lado, cada año, de un total de 1.000.000 de unidades de sangre donadas,
21.000 son descartadas por estar contaminadas con el HIV. Sin embargo, esta ley no dispone
la implementación de tres análisis que desde hace unos años se encuentran disponibles,
y cuya puesta en práctica permitiría reducir aún más la probabilidad de contagio del
HIV, así como también evitar el contagio del HTLV-1/11 y de las hepatitis B. Mientras
que en Estados Unidos la posibilidad de contraer sida como resultado de una transfusión
oscila entre 1 en 450.000 y 1 en 1.000.000, en la Argentina las chances son mayores: 1 en
250.000. Desde 1997, la AAHI en sus Normas de Medicina Transfusional considera obligatoria
la realización del análisis que detecta un antígeno del HIV (denominado p24), lo que
permitiría reducir el período ventana, durante el cual la infección es indetectable, de
21 a 16 días. La AAHI también sostiene que la sangre a transfundir debería ser sometida
a los métodos que permiten detectar el HTLV-1/11, un retrovirus que causa problemas
neurológicos y uno de los tipos de leucemia, y un anticuerpo asociado a la infección por
hepatitis B, denominado anti-core. Hasta el momento, ninguna de estas tres pruebas han
sido consideradas obligatorias por el Ministerio de Salud y Acción Social de la Nación,
por lo que no todas las instituciones médicas las llevan a cabo. "Los motivos para
no incluirlos en la legislación que dan las autoridades pertinentes son -apunta el doctor
Torres- de índole económica". Según este último, "la población debe tomar
conciencia de que, aunque se efectuasen todos los estudios con los que se cuenta en la
actualidad, obtener unidades de sangre que sean cien por ciento seguras todavía es
imposible".
Dime por qué donas y...
Que la sangre a transfundir sea más segura no sólo
depende de los análisis a los que sea sometida. Esa es sólo una de las dos caras de la
moneda; en la otra se halla el acto mismo de la donación. Y aquí los problemas no se
agotan en la cifra que cuantifica la cantidad de personas a las que se les extrae sangre,
la cuestión es un poco más compleja. El acto de donar puede estar motivado de dos formas
radicalmente distintas. En una vereda están aquellos que donan voluntaria y
sistemáticamente su sangre. En forma periódica, estas personas concurren generalmente al
mismo hospital o sanatorio a dar su sangre sin ningún requerimiento de por medio (llamado
a la solidaridad o algún conocido que lo necesita): el acto de donar es una costumbre
cien por ciento altruista, casi un deber. En la vereda de enfrente se puede encontrar a
los que dan su sangre cuando, sencillamente, no les queda otra. Aquellos que donan sólo
ante un explícito pedido de algún familiar, amigo o conocido. En nuestro país, estos
últimos son los más, representan al 90 por ciento de los donantes. Lo que no es nada
bueno, pues son aquellos que donan en forma voluntaria y sistemática quienes son
considerados "donantes de buena calidad". El título se lo han ganado luego de
haberse demostrado que quienes donan sangre en forma sistemática y sin ningún tipo de
condicionamiento tienden a evitar situaciones de riesgo que los exponen a las enfermedades
que se pueden transmitir en una transfusión.
Sangre, se necesita
Dejando a un lado la calidad de este fluido vital, la
(escasa) cantidad también constituye un serio problema. Según una revisión sobre el
tema publicada por la prestigiosa revista Scientific American, la demanda mundial
de sangre para transfundir crece a un paso de 7,5 millones de litros por año. Y no sólo
como resultado directo del crecimiento demográfico global. A medida que la expectativa de
vida se prolonga, la presencia del grupo de personas de edad avanzada se destaca por sobre
los demás y, justamente, ésta es la parte de la población que más demanda
transfusiones. Desgraciadamente, la oferta de sangre no se comporta de igual manera que la
demanda. En Estados Unidos -país en donde cada 3 segundos se necesita realizar una
transfusión: tan sólo un 5 por ciento de la población dona sangre y, como si esto fuera
poco, el porcentaje disminuye lentamente. Ya a mediados de los años 80, tanto la
Administración de Alimentos y Medicamentos (Food and Drug Administration) como el
Instituto Nacional de Salud (National Institute of Health) y el Departamento de Defensa de
los Estados Unidos fueron muy claros al dirigir sus demandas a los científicos:
necesitamos redoblar los esfuerzos en la investigación de posibles sutancias sustitutas
de la sangre.
Transportes de oxígeno
Cerveza, orina, opio, resinas vegetales, leche y sangre de
oveja. Además del vino, muchas fueron las sustancias y los líquidos puestos a prueba en
la búsqueda de un sustituto para la sangre. Recién a mediados del presente siglo la
investigación adquirió algo de seriedad. Pero, ¿de qué hablamos cuando se habla de
sustitutos de la sangre? Esta,
intrínsecamente compleja, cumple con distintas funciones (ver Viaje al centro de la
sangre). ¿Cuáles son las que la ciencia pretende imitar? "Los elementos que
actualmente se encuentran en experimentación deberían ser descriptos como
transportadores de oxígeno más que como sustitutos", explica el doctor Robert
Winslow, uno de los más importantes investigadores del tema que desarrolla su actividad
científica en San Diego (Estados Unidos), en la Universidad de California. Por su parte, el doctor Marcos
Intaglietta, un bioingeniero argentino que también trabaja en el tema de los sustitutos
en la misma universidad, señala que otra de las funciones es la restitución del volumen
sanguíneo que se pierde en una hemorragia. Actualmente, aquellos productos que están
más cerca de cumplir con ambos requisitos son solamente dos: los perfluorocarbonos (PFC)
y las sustancias elaboradas a partir de la hemoglobina. Los primeros (ver El ratón subacuático) son sustancias que poseen
una interesante afinidad con las moléculas de oxígeno, pero que por el hecho de ser
inertes deben ser combinadas con otras sustancias que les permitan disolverse en el plasma
sanguíneo. Estos PFC -a diferencia de la hemoglobina que activamente atrapa y luego
libera las moléculas de oxígeno- son medio vagos (inertes): realizan el transporte del
oxígeno en forma pasiva. La ventaja del PFC con respecto a la hemoglobina es su rapidez,
pues las moléculas de oxígeno no deben perder tiempo en atravesar la membrana de los
glóbulos rojos para llegar a la hemoglobina. Con respecto a las desventajas de estos
productos, los PFC que actualmente se encuentran en experimentación tienen una vida media
aún demasiado corta, sólo transportan una cantidad suficiente de moléculas de oxígeno
si la persona respira oxígeno puro (cosa bastante poco frecuente, por cierto) y además
presentan serios efectos adversos para la salud humana que todavía no han podido ser
obviados. El riesgo principal es el de acumular una peligrosamente excesiva cantidad de
oxígeno en los tejidos. Según la autorizada opinión de Intaglietta, son las
modificaciones de las moléculas de hemoglobina las que en un futuro se convertirán en la
llamada sangre artificial.
Por año se transfunde el equivalente a 53 piletas
olímpicas de sangre en todo el mundo. Suman ya tres millones las personas que se
contagiarán el SIDA por una transfusión con sangre
infectada aunque los controles siguen mejorando poco a poco en todas partes.
La sangre del futuro
A diferencia de su competidor más cercano (los PFC), las
soluciones de hemoglobina pueden transportar cantidades de oxígeno más grandes y tienen
una vida media más prolongada. El origen de las soluciones que actualmente se encuentran
en experimentación se remonta a la Segunda
Guerra Mundial. Por aquel entonces, un grupo de científicos del ejército de Estados
Unidos se abocó a la investigación de una sustancia que fuera compatible con la sangre
de todos los factores. Medio siglo más tarde, los científicos que trabajan en el
desarrollo de estos productos a base de moléculas de hemoglobina modificadas utilizan
tanto proteínas de origen humano como de origen bovino. El doctor Intaglietta da la
receta para obtener estos productos. Tome nota de los ingredientes y del proceso:
- el primer paso consiste en extraer los glóbulos rojos de la
sangre;
- a continuación se destruye la membrana celular de los
mismos para liberar las moléculas de hemoglobina que se encuentran en su interior;
- luego, por medio de filtros, se recupera esta proteína, se
la abre y se le adiciona una sustancia llamada polietilenglicol (PEG). Este proceso
permite que la molécula de hemoglobina tenga una vida media más extensa y, de yapa, le
da más volumen.
Pero nadie es perfecto y las soluciones de hemoglobina
también tienen sus bemoles. Al ser inyectados, estos productos estimulan la constricción
de los vasos sanguíneos, lo que se traduce en un aumento de la presión arterial. Otros
de los puntos flojos que los científicos deberán resolver son la neurotoxicidad y el
peligro que significa predisponer a que el paciente padezca infecciones bacterianas (la
hemoglobina es rica en hierro, uno de los platos preferidos de las bacterias). Por
último, otra cuestión que demanda resolución es el costo, no sólo de las soluciones de
hemoglobina sino también de los PFC. Pero el precio medio de estos productos es cuatro
veces mayor que el de la sangre humana.
Para la emergencia
Si bien quedan todavía muchas asignaturas pendientes por
resolver, los posibles futuros sustitutos de la sangre prometen importantes ventajas.
"De las distintas características de las sustancias sustitutas, una de las más
importantes es que son completamente universales. Lo que implica que a la hora de
utilizarlas no es necesario tomar en cuenta el grupo sanguíneo del paciente que requiere
la transfusión", apunta Intaglietta. Aun así, vale la pena dejar en claro que estos
sustitutos no se proponen en ningún momento cumplir con otra función de la sangre que no
sea el transporte de oxígeno y la restitución del volumen sanguíneo. Lo que no es poco
decir. Aun así, la aplicación de estos productos se ve limitada a un campo relativamente
reducido. "Si bien la gente cree que los sustitutos de la sangre van a convertirse en
la nueva terapia transfusional, esto es erróneo. Van a ser un complemento de la
terapéutica tradicional, destinado principalmente al sector de emergencias", señala
Torres. "Los sustitutos de la sangre permitirán en un futuro agrandar la brecha de
tiempo entre el momento en que una persona sufre un accidente y el momento en que se
realiza la transfusión, de modo de contar con tiempo suficiente para decidir si esta
última es realmente necesaria". ¿Cuándo estarán disponibles? Aunque su salida al mercado tiene fecha incierta,
Intaglietta desliza algunas pistas: "Se estima que dentro de dos años estaremos en
condiciones de encarar ensayos clínicos bien adelantados con las soluciones de
hemoglobina".
EL RATON SUBACUATICO
Allá por la década del 60, los perfluorocarbonos saltaron
a la fama a través de una curiosa experiencia. Leland Clark de la Universidad de Alabama
(Estados Unidos) dio difusión a una foto en la cual un ratón se encontraba en un liquido
transparente, con su cola atada a la base del recipiente para impedir que la criaturita de
Dios salga a flote. Lo curioso es que el ratón estaba vivo; en otras palabras, respiraba.
El líquido elemento no era agua sino perfluorocarbono. Tres décadas después y ya en el
terreno de la ficción, la película Abismo (The Abiss, 1989) mostraba a uno de los
personajes principales sobrevivir en las profundidades del océano, respirando a través
de un líquido. Nuevamente PFC.
HEMOGLOBINA FERMENTADA
En 1996, el Centro Médico de la Universidad de Duke
(Estados Unidos) fue el lugar elegido para llevar a cabo una de las primeras experiencias
clínicas con sustitutos de la sangre. Durante el transcurso de diez intervenciones
quirúrgicas de reemplazo de cadera, se utilizó una solución salina mezclada con
hemoglobina combinada, llamada Optro. Según el doctor Bruce Leone, profesor asociado de
anestesiología de dicha universidad, este producto puede transportar oxígeno durante
aproximadamente 7 horas. Optro se obtiene a partir de un gen alterado de la hemoglobina,
el cual es introducido en una bacteria (Escherichia coli). A través de un proceso de
fermentación, esta bacteria es capaz de producir grandes cantidades de hemoglobina. El
lado flaco de Optro: su corta vida media.
VIAJE AL CENTRO DE LA SANGRE
Cada centímetro cúbico de sangre contiene entre 4,5 y 5,5
millones de glóbulos rojos, entre 7 y 12 mil glóbulos blancos y entre 150 y 400 mil
plaquetas. Esta preciosa sustancia se completa con sales, proteínas y vitaminas que se
encuentran en suspensión en el plasma sanguíneo. ¿Para qué tantas cosas? La sangre
cumple con muchas tareas, entre las cuales se cuenta transportar una multitud de
nutrientes, hormonas y residuos, defender al cuerpo de las infecciones y prevenir las
hemorragias. En cuanto al transporte del oxígeno y de su contraparte, el dióxido de
carbono, de esto se encarga la más importante de las proteínas de la sangre: la
hemoglobina. Recientemente se ha demostrado que esta última también se encarga del
transporte del óxido nítrico, lo que se traduce en la regulación de la presión
sanguínea.
Publicado en
Futuro, Página 12, el sábado 27 de marzo de 1999.
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