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VENENO EN SU PLATO El pan nuestro Por María Vallarino El bromato de potasio, una sustancia
usada para hacer pan, es potencial causa de cáncer. El 11 de mayo pasado venció el plazo
para erradicar su uso en la Argentina. Esponjoso, dorado, suave, crocante y con volumen. Los
maestros panaderos saben muy bien qué características debe tener el pan para agradar al
paladar de sus clientes. Para lograrlo deben poner en juego la sapiencia del oficio, la
buena mano y el soporte de los aditivos (sustancias que se agregan a los alimentos) que
evitan que se endurezca y se eche a perder rápidamente. Por mucho tiempo el bromato de
potasio, cristalino como la sal o el azúcar, ha sido esta suerte de poción mágica: un
texturizador y acondicionador de la masa que, al mezclarse con harina de buena o mala
calidad, promete un pan voluminoso y rico, bien a piacere de los argentinos. Sin embargo, el 11 de mayo pasado venció el plazo que se
le había otorgado a la industria panadera para que dejara usar este aditivo y lo
reemplazara por otro alternativo. La razón es tan simple como inquietante: el bromato de
potasio es un potencial causante de cáncer. Plazos rigurosamente vencidos La resolución 190/98 del Boletín Oficial Nº 28.873, 1º
Sección (martes 7 de abril de 1998) del Ministerio de Salud de la Nación no deja lugar a
dudas: según expertos de la Organización de Alimentos y Agricultura de Naciones Unidas
(FAO), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Comité de Expertos en Aditivos
Alimentarios, "el bromato de potasio es un carcinógeno genotóxico (causante de
cáncer) y en base a los estudios realizados sobre seguridad sanitaria y bromato residual
en el pan, se concluyó que el uso del mismo como agente de tratamiento de la harina no es
apropiado, reiterando como principio general que el bromato de potasio no debería estar
presente en los alimentos que se consumen". A dos meses del vencimiento del plazo nadie sabe a ciencia cierta si todos se han adecuado a las normas establecidas. Frente a los
numerosos pedidos de prórrogas -negadas- por parte de los panaderos es probable que no
todos sigan las reglas al pie de la letra. "En este momento está prohibido, pero no
quiere decir que en algunos lugares, no se esté usando", dice Claudia López, del
Departamento de Control y Desarrollo del INAL (Instituto Nacional de Alimentos).
"Hace poco que la prohibición es definitiva y mucha gente aún la desconoce. Este
desconocimiento es lo que más nos preocupa", agregó. Negocios vs. salud Los aditivos y procesos a los que se someten los alimentos
surgieron como una necesidad. Las distancias entre el lugar de elaboración de un producto
y el plato del consumidor son cada vez más grandes, los tiempos para cocinar se
redujeron, los hábitos de consumo cambiaron, y la industria alimentarla debió encargarse
de conservar y mejorar los alimentos y evitar su contaminación. Sin embargo, tras varios
estudios se determinó que algunas sustancias no son inocuas al organismo humano y pueden
traerle problemas (ver Comidas peligrosas). "Diversas técnicas de análisis
determinaron que aun después de la fermentación y cocción de la masa, es posible
detectar niveles residuales de bromato de potasio -a escala de microgramos- en el
pan", señaló el Comité de Químicos Tóxicos en Alimentos, Productos de Consumo y
Medioambiente de Gran Bretaña (COT), que hace ya diez años que determinó que el bromato
de potasio era un mutágeno. "Ha mostrado ser potencial causante de cáncer en
animales de laboratorio", aseguró la entidad que, sin admitir más discusiones, lo
consideró una sustancia indeseable. El Comité de Expertos en Aditivos Alimentarios de la
OMS también concluyó que su uso como tratante de harinas es inapropiado. En Estados
Unidos la utilización del bromato depende de cada estado. En California, por ejemplo,
está prohibido, tanto como en muchos países europeos. "Antes, en el Japón se usaba 50 ppm (partes por
millón) de bromato de potasio para hacer pan. Sin embargo, investigaciones posteriores
demostraron que esta sustancia provocaba mutaciones celulares e inducía tumores en ratas.
Ya en 1984, se limitó el uso de bromato a 30 ppm como máximo para el pan, además de
prohibirse su uso en cualquier otra comida", explicó Hikoya Hayatsu, investigador de
la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de la Universidad de Okayama (Japón). Pan y Mercosur En este último tiempo, en la Argentina las cosas han ido cambiando, empujadas por cuestiones económicas. "Desde el momento en que la FAO eliminó el bromato de su lista de aditivos aceptados, los miembros del Mercosur plantearon la necesidad de retirar esta sustancia", explica Claudia López. Esto significa que para comerciar con otros países, los industriales debían adecuarse a las normas internacionales. "Una vez establecida la regla para la libre
circulación de alimentos entre países, esperan que cada país internalice dicha
norma", señala López. En la Argentina en 1995, una comisión investigadora del
Ministerio de Salud prohibió el uso directo del bromato (se autorizó un preparado que
contenía bromato, pero en cantidad ínfimas), se lo retiró de la Lista General
Armonizadora de Aditivos Mercosur y concedió un plazo de dos años para cambiar los
procesos elaboradores a fin de eliminar el empleo de este aditivo. La industria panadera
pidió varias prórrogas más. La fecha límite fue el 11 de mayo pasado Pan alternativo Ahora los fabricantes de pan deben trabajar con aditivos
alternativos, como mezcla de ácido ascórbico (vitamina C) y enzimas o la
azodicorbonamida. Entre las objeciones que enarbola la industria panadera, se critica que
los alternativos al bromato son más caros y que no mejoran con éxito la mala calidad que
puede tener la harina. De todos modos ya hay industriales que desde hace bastante tiempo
han adecuado a las normativas y recomendaciones de los organismos internacionales en
regulación de alimentos y salud. "Los estudios epidemiológicos muestran que las
mayores causas del cáncer los humanos se deben a la alimentación y al tabaco",
señaló Hayatsu. "Mientras, en principio, los humanos pueden evitar el contacto con
el humo de cigarrillo, no pueden evitar comer". Pero sí pueden elegir qué comer y
qué no. COMIDAS PELIGROSAS No son pocos los aditivos que provocan polémica entre
científicos, industriales y organizaciones gubernamentales. Casi tantos como la variedad
de la industria alimentarla actual lo exige. La tartrazina, colorante amarillo usado en
jugos y postres infantiles, puede provocar reacciones como asma y urticaria, según
explican Steven Taylor y Richard Scanlan, investigadores de las universidades de Nebraska
y Oregon (Estados Unidos). El aspartame, presente en edulcorantes, puede causar fuertes
dolores de cabeza. "Hay casos en los que el
interés tecnológico de un aditivo aconseja aceptarlo con reservas, aunque desde el punto
de vista toxicológico sería preferible no autorizarlo", señala Pierre Besancon,
junto con otros investigadores de la Université des Sciences et Techniques de Languedoc
(Montpellier, Francia). Se refiere a aquellos aditivos indispensables para evitar la
contaminación de ciertos productos pero que, a la vez, pueden provocar alergias,
descomposturas y ser posibles causantes de cáncer. Los nitritos y los sulfitos están en
el ojo de la tormenta. Actualmente ninguno de los dos es considerado GRAS (Generally
Regarded As Safe, es decir, reconocido como seguro). Sin embargo, su uso no puede
prohibirse porque aun no se han encontrado reemplazantes adecuados. Los nitritos se utilizan especialmente en embutidos (léase
jamón, salame o salchichón), "no sólo porque contribuyen al color rojo que el
consumidor espera, sino porque es el antibotulímico por excelencia", explica una
investigadora del Conicet y miembro del
Programa de Investigación en Preservación de Alimentos UBA-Conicet. Pero cargan con una
gran desventaja: los nitritos se mezclan con los aminoácidos y forman las nitrosaminas,
que son cancerígenas. "Mientras no se pueda evitar el uso de nitritos -dice la
investigadora- uno sí puede optar por reducir o eliminar el consumo de embutidos." En cuanto a los sulfitos, reducen el deterioro y la decoloración de los alimentos (papas procesadas, frutas secas, vegetales y frutos de mar deshidratados) durante su preparación, almacenamiento y distribución. "Retardan el pardeamiento el color marrón en las manzanas, por ejemplo e inhiben el deterioro de nutrientes como la vitamina C", explica la investigadora. Sin embargo, para determinados segmentos de la población -especialmente entre los asmáticos-, los sulfitos son un riesgo. Entre las posibles reacciones, reportadas por la Federation of American Societies for Experimental Biology (FASES), figuran náuseas, diarrea, urticaria y dificultades para respirar o ataques asmáticos. Hoy, el uso de sulfitos como conservante se limita a ciertos productos de mar y tipos de galletitas, gelatinas, jaleas, frutas y verduras procesadas (en jugos o desecadas), entre otros, y su presencia debe advertirse en el etiquetado.
Publicado en "Futuro", Página 12, el sábado 18 de julio de 1998.
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