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ANTROPOLOGIA Y SOCIOLOGIA

Inmigración: Mitos
y prejuicios

Por Jimena Vallejo Morales

Cuando falta el trabajo, aumenta la miseria y la impotencia, los ojos buscan a alguien en quien cargar las culpas. En los últimos tiempos las miradas se posaron sobre los que más llaman la atención por su acento, costumbres o aspecto: los inmigrantes. Sin embargo, apenas se encara el tema desde una perspectiva científica, resulta que buena parte de los mitos no son ciertos: la incidencia de la inmigración sobre la tasa de desempleo es insignificante, y su participación en la comisión de delitos es más baja que el promedio general. Obviamente, la suerte y el papel social de cada individuo no pasan por el lado de la frontera en la que le haya tocado nacer, sino más bien en causas mucho más estructurales, una de las cuales es, precisamente, el prejuicio.

María Inés Pacecca es licenciada en Antropología, tesista en la Maestría de Administración Pública de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, investigadora y docente del Departamento de Antropología de la Facultad de Filosofía y Letras y del Departamento de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Sociales. Realiza actualmente dos trabajos de investigación que se abocan exclusivamente al análisis de la trayectoria laboral de los inmigrantes peruanos y bolivianos a partir de los cuales se desprenden datos interesantes.

-El tema de su trabajo es el análisis de las políticas migratorias en la Argentina. ¿Qué es una política migratoria?

-Las políticas migratorias son los lineamientos que surgen desde el Estado para regular el ingreso y la permanencia de extranjeros en el país. La primera política migratoria argentina estaba destinada a atraer a los inmigrantes. El principio que movía esta actitud era fundamentalmente la teoría de que se necesitaban extranjeros tanto para el desarrollo económico como social, la idea era que un volumen importante de extranjeros europeos, iba a permitir que se consolidara el sistema republicano de gobierno además de acrecentar el desarrollo agropecuario. La única política migratoria explícita en la Argentina fue la Ley Avellaneda, de 1876, que encuadró la migración masiva argentina ya que implicó la entrada de aproximadamente seis millones de extranjeros en un período relativamente corto.

-¿Cúales son los cambios que hubo en la política migratoria a partir de entonces?

-Cuando se cortó el flujo de la inmigración europea y comenzó la inmigración limítrofe cambiaron los objetivos de la política migratoria, cambió esta cuestión de que "lleguen y se queden". Y también cambió la forma de control. Con la inmigración europea era muy fácil controlar el ingreso pues sólo llegaban por barco, pero con la inmigración limítrofe es diferente pues hay diversos modos de acceso por tierra muy difíciles de controlar. Pero, de todos modos, la ley escrita nunca se modificó y si bien está pensada en el migrante europeo, comenzó a hacer eje en la cuestión de la permanencia.

En definitiva, la entrada no se controla tanto sino que se hace mayor hincapié en que el inmigrante no se quede más del tiempo permitido y que no trabaje si no tiene la categoría que así lo habilita, éstas son las dos cosas que lo convierten en "ilegal". El 90 por ciento de los casos pasan a ser ilegales por la permanencia. En general, los limítrofes entran como turistas porque los requisitos para obtener una residencia que les permita trabajar son muy complicados y costosos. Por eso en general pasan a la ilegalidad o porque exceden el término permitido por la visa de turista o porque trabajan con la misma, cuestión que no les está permitida.

-¿Cuáles son los principales rasgos de la inmigración limítrofe?

-El limítrofe en principio no viene para quedarse sino que su objetivo es trabajar un tiempo para lograr alguna acumulación de capital, ascender socialmente en el lugar de origen y reinvertir allí mismo y no en el país receptor. El tiempo que se quede va a depender mucho de la regularidad del trabajo y, al ser la ley tan complicada, no tiene sentido tratar de cumplirla para permanecer en forma legal salvo cuando hay una amnistía. Los inmigrantes no influyen en la tasa de desocupación fundamentalmente porque en términos macroeconómicos son muy pocos, ya que representan el 2,5 por ciento de la población, pero también porque ellos construyen su propio nicho económico.

Respecto de los migrantes limítrofes hay una serie de ideas que dan vueltas en la opinión pública y muchas de ellas que se institucionalizaron incluso desde los medios de opinión y algunos políticos. Una de estas ideas es que la mayoría de los peruanos cometen delitos en nuestro país porque así pueden quedarse más tiempo.

-¿Esto es verdad?

-No. Lo cierto es que mientras están en la cárcel se convierten en residentes legales, pero una vez que salen de la cárcel son deportados. Entonces, no es un razonamiento muy racional para alguien que viene a acumular capital. No es una buena estrategia para quedarse pues es mucho más fácil tener un hijo. Según un estudio realizado por la Organización Internacional de Migraciones (OIM) sobre la población carcelaria, se indica que el porcentaje de inmigrantes en la misma es incluso menor que el que les corresponde sobre la población total (2,5 por ciento). Según estas cifras, los inmigrantes en la cárcel estarían subrepresentados. Lo que sí es posible que suceda es que tengan un nivel más alto de detención por la simple "portación de cara", mucho más que por estar ¡legales o cometer delitos.

-Quizás la opinión más fuerte de esto últimos tiempos es que la afluencia de inmigrantes limítrofes aumenta la desocupación para los argentinos...

-Esto es definitivamente falso pero requiere una explicación más cuidadosa. Los inmigrantes no influyen en la tasa de desocupación fundamentalmente porque en términos macroeconómicos son muy pocos, y que representan el 2,5 por ciento de la población, pero también porque ellos construyen su propio "nicho económico": el trabajo que realizan los inmigrantes, los argentinos prefieren no hacerlo. Trabajan en talleres de costura y planchado, en el servicio doméstico y en le construcción. El argentino pobre, en general tiene otro nivel educacional y también tiene otro tipo de redes: casa, familia, etc. Tiene mayor sostén para estar desocupado. El inmigrante no puede estar desocupado, hace doble turno y trabaja por menos dinero.

Los inmigrantes no influyen en la tasa de desocupación fundamentalmente porque en términos macroeconómicos son muy pocos, y que representan el 2,5 por ciento de la población, pero también porque ellos construyen su propio "nicho económico".

 

-Pero entonces, ¿no se puede pensar que si no fuesen una mano de obra tan barata, habría más trabajo por lo menos para los argentinos pobres?

-Esto no es tan fácil de afirmar porque es muy difícil saber si los argentinos estarían dispuestos a trabajar esa cantidad de horas y realizar ese tipo de trabajo aunque a simple vista parezca que sí. Además, según un estudio realizado por Adriana Marshall, el empresario nunca paga más sueldo si no está obligado a hacerlo. Si no dispone de mano de obra barata lo que le conviene es tecnificar. Además el trabajo no es una cajita cerrada, un espacio fijo que está ocupado por un extranjero o un nativo, sino que varía con el tiempo. El trabajo que puede ser "ocupado" por un migrante es en todo caso el trabajo del estado de bienestar y nadie se atrevería a decir que en la Argentina de hoy existe tal Estado. Aunque el argentino también realice largas jornadas laborales por muy poco dinero, por ejemplo las cajeras/os en los supermercados, es muy difícil encontrar inmigrantes limítrofes en estos puestos de trabajo y el argentino prefiere este último al del taller o el servicio doméstico.

-Desde la investigación científica, ¿se tiene algún conocimiento del porqué de los prejuicios?

-No existe una sola causa y hay diferentes teorías que abordan la cuestión desde diferentes ejes. Para quien razona desde un preconcepto, entiende las cosas en términos de blanco o negro. La realidad de cada persona es mucho más complicada. Esencialmente nadie es "de esta manera" o de tal otra, nadie es de una forma determinadas El problema es la generalización. El prejuicio crece solo y no necesita de demostraciones empíricas pues siempre encontrará la particularidad que lo justifique y que lo haga factible de cualquier tipo de generalización.

-¿En qué contribuye la ciencia a esclarecer esta problemática?

-Desde la ciencia se puede investigar cuáles son las condiciones que facilitan u obstaculizan la igualdad. Porque si además de ser migrante, sos pobre, ilegal y no podes terminar la escuela, el prejuicio tiene más campo para crecer. Los científicos pueden dilucidar cuáles son las cosas que favorecen la igualdad partiendo de que se puede ser diferente sin ser desigual. Esto quiere decir que aunque te guste la cumbia, tenés socialmente los mismos derechos que el que gusta de la ópera. En mi opinión, el papel de la ciencia es el de contribuir a "soportar" las diferencias y a entender que pese a las mismas, tenemos iguales derechos. La actitud predominante es que para incorporar al diferente a nuestro derecho hay que borrarle esa "diferencia", porque si es diferente no es meritorio de los derechos republicanos. Por ejemplo, el gaucho y el indio no eran meritorios de los derechos republicanos.

-¿Entonces el científico debe desprenderse de su "etnocentrismo"?

-No creo que haya forma de escapar al etnocentrismo. Yo no puedo aceptar la cliptoridectomía (ablación del clítoris) aunque en las culturas en las que se practica sea supuestamente aceptada. Hacer ciencia no es desprenderse del etnocentrismo sino ser consciente de él. Lo importante es ser capaz de ver las fisuras intemas, y la cultura occidental tiene muchas. Un ejemplo claro es la inferioridad de derechos de las mujeres. El papel de la ciencia es demostrar que las cosas son mucho más confusas y complicadas de lo que parecen.

Publicado en "Futuro", Página 12, el sábado 23 de enero de 1999.

 

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