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MENSAJES DEL ESPACIO EXTERIOR

E. T. Phone Home

Por Federico García Del Gaizo

Imagínese la siguiente situación: llega a su casa, le echa una ojeada a su PC para ver  si le llegó algún e-mail y descubre que quien le mandó un mensaje no es su amigo mexicano o su tío de Berazategui, sino una civilización extraterrestre. Y algo así puede ocurrirle gracias al proyecto SETI@Home.

Quienes vieron la película «Contacto» conocen el programa SETI (siglas en inglés de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), que intenta descubrir la existencia de alguna civilización alienígena que envíe señales de radio a través del espacio.  El programa consiste centralmente en la idea de "escuchar" y eventualmente descifrar las señales de radio que llegan a la tierra constantemente. La cuestión era que hasta ahora no había nadie específicamente escuchando.

Los datos están: el cielo es vigilado por el telescopio para radio y radar más grande del mundo (305 metros de diámetro), situado en Arecibo, Puerto Rico, que completa el escaneo de todo el cielo visible en seis meses; pero la información es utilizada para descifrar la edad o la composición química de estrellas o constelaciones y luego es almacenada.

El programa SETI no cuenta con los recursos suficientes para tener una supercomputadora capaz de analizar los 20 gigabytes por día de información radial. Así es como su PC entra en esta historia mediante el SETI@Home.

Divide y reinarás

La solución es simple e ingeniosa: dividir tareas aprovechando las horas muertas de las computadoras hogareñas.

Los datos que se obtienen en Arecibo serán parcelados en trozos que representarán un minuto de grabación del telescopio; cada trozo a su vez será enviado por Internet a una de las 80.000 PC registradas, que tardará en promedio cinco días para descifrar las señales de radio.

El proyecto le proveerá a cada uno de sus participantes dos programas de computación: el primero actuará como un protector de pantalla, volviendo activa a la PC cuando ésta esté ociosa y aprovechando así millones de horas de trabajo de procesadores subocupados; en cada uno de los hogares de los suscriptos al proyecto, y en esas horas, o incluso minutos, en los que uno va a hablar por teléfono o a hacerse un café olvidándose de la computadora, empezará a funcionar el segundo programa, que analizará el trozo recibido. Se buscarán dos tipos de regularidad en los mensajes: algunas señales fijas que funcionen como faros y simplemente digan "acá estamos"; y patrones de pulsos que pudieran estar enviando información digital de algún tipo.

Los programas de análisis tomarán en cuenta varios factores que puedan estar distorsionando las señales, por ejemplo la rotación de la tierra sobre su eje y alrededor del sol, e incluso la desconocida pero muy probable rotación del planeta de origen, que tendría un largo de día desconocido y seguramente distinto a nuestras 24 horas.

En realidad, la función de las PC será actuar como tamices, reduciendo la cantidad de información que es necesario estudiar más atentamente. Se esperan reconocer de 50 a 100 puntos de interés dentro de cada trozo, que luego serán analizados por un programa más sofisticado. Ahora vamos a ver si E.T. llama a casa; a la nuestra.

HOLA CENTAURI, TE ESTAMOS LLAMANDO...

La idea de utilizar la radioastronomía como un medio de comunicación implica varias cosas. Una de ellas, la más obvia para nosotros, es intentar escuchar. La otra es que nosotros podemos estar siendo escuchados.

Hace poco más de cincuenta años que utilizamos la radio con la suficiente fuerza como para, en ciertos anchos de banda, convertimos en la fuente más potente del sistema solar.

Las ondas de radio viajan a la velocidad de la luz. Un hipotético habitante de un planeta en el sistema estelar más próximo, Alpha Centauri, a cuatro años luz de distancia, podría calcular la longitud del día en la Tierra en base a los tiempos de aparición y desaparición de las señales.

Algunas de las fuentes emisoras más potentes son las transmisiones de radar. La mayoría de estas transmisiones sirven objetivos militares: rastrean el firmamento a la espera de un lanzamiento masivo de misiles, o vigilan el cielo en busca de contrabandistas que intenten violar el espacio aéreo. El contenido de estas emisiones es inteligible: son una sucesión de formas numéricas simples codificadas en forma de bips, que sugerirían al vecino centaurino que quien las envía es inteligente.

Pero en general la fuente más difundida y perceptible de transmisiones de radio procedentes de la tierra son nuestros programas de televisión. Como nuestro planeta gira, lo que recibiría nuestro compañero galáctico sería una mezcla bastante caótica de programas de todo el mundo, en prácticamente todos los idiomas.

Siguiendo con nuestra hipótesis, si tiene una tecnología suficiente para recibir y descifrar nuestros mensajes, le sería relativamente fácil traducir a centaurino aunque sea sólo uno de los idiomas. Alpha Centauri está a poco más de 4 años luz. Seguramente estará, él también, conmocionado por esa pequeña esfera que gira y gira sobre una superficie plana: el fútbol. Y estará viendo el Mundial, pero el del '94. Esperemos que la desafectación de Maradona no desate su ira.

BUENO, BONITO Y BARATO

Además de popularizar una investigación científica. rubro generalmente lejano e accesible, el proyecto SETI@Home tiene otra ventaja: su costo.

La simple idea de aprovechar 80.000 procesadores ociosos o inactivos le significará al programa SETI la posibilidad de descubrir alguna señal de inteligencia, y por lo tanto de vida extraterrestre. Según admite David Anderson, el organizador del proyecto, esto costará 500.000 dólares.

En comparación, la última supercomputadora desarrollada por el gobierno norteamericano tiene “sólo" 9000 procesadores, y además de ser utilizada para un objetivo menos simpático (simular explosiones nucleares), costó 55 millones de dólares.

Puede ocurrir que no se encuentre ninguna señal de vida extraterrestre, pero estará demostrado que el dividir tareas y aprovechar computadoras hogareñas es un buen negocio. Y es probable que se siga aprovechando.

Queda para las teorías conspiracionistas el temer el uso que se le dé a este truco, porque, después de todo, la mayoría no tiene idea de lo que puede estar desarrollando la computadora mientras uno no la usa.

Publicado en “Futuro”, Página 12, el sábado 26 de setiembre de 1998.

 

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