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TURISMO SOLAR

El eclipse tour

Por Diego L. Cofré

En el siglo IX, Rabano Mauro, el arzobispo de Maguncia, denunció en una homilía los escandalosos rituales que acompañaban a los eclipses de Luna: "Una tarde, entre vísperas e inicio de la noche, fui alertado por un griterío espantoso. Cuando pregunté lo que pretendían con aquel clamor, me dijeron que debían auxiliar a la Luna, que sufría y que ellos se esforzaban por ayudarla en su eclipse". No eran sólo los gritos, también blandían espadas y tiraban flechas al son de un verdadero clamor de guerra: "¡Vinceluna!", que quiere decir, victoria a la Luna.

Los viajeros del eclipse

Los norteamericanos, más cerca en el tiempo, han acuñado un término para designar a aquellos que se desplazan enormes distancias sólo para vivir los cinco minutos de gloria de un eclipse total de Sol. Estos personajes reciben el nombre de "eclipse-chasers", algo así como perseguidores de eclipses.

Para ellos, en Estados Unidos y en Europa se monta una verdadera industria turística que ofrece el traslado, hoteles y, por supuesto, la añorada excursión al punto del eclipse total. Lo que no se garantiza es que el instante esperado no los sorprenda en medio de un cúmulo de nubes, con lo cual el eclipse no se puede apreciar.

En la Argentina no existe una infraestructura apuntada a los perseguidores de eclipses. Sin embargo, hay algunos que se las ingenian para desplazarse por las suyas hasta la soñada umbra. Dos de ellos son el director y subdirector de la Asociación Argentina Amigos de la Astronomía (AAAA), Alejandro Blain y Carlos Angueira Vázquez, que estuvieron en dos situaciones de eclipse total, una de ellas fallida por ser "eclipsados" por nubes justo antes del eclipse y la otra exitosa, el 3 de noviembre de 1994. Blain contó su experiencia en Jaguaruna, Brasil: "Fue el primer eclipse total que pude ver completo y realmente fue muy intenso."

Carlos Angueira Vázquez presenció el mismo eclipse pero desde Kuchu Ingenio, en Bolivia. Su vivencia no fue menos sobrecogedora: "Todavía no sé cómo hice para seguir fríamente disparando la cámara de fotos y anotando. Es un fenómeno que genera un nivel de euforia tremendo, a la gente le vienen todo tipo de emociones que van desde el llanto hasta los tos, los animales se dan cuenta que se hizo de noche y empiezan a gritar. El espectáculo es impresionante".

El fenómeno eclipse

El término eclipse deriva del griego ekleipein que significa faltar, abandonar, estar ausente. Lo que sucede durante un eclipse total es, pues, que por unos segundos o varios minutos el Sol simplemente desaparece detrás de un inmenso disco negro (que es la Luna).

El entorno, a partir de que el Sol es tapado en un 95 por ciento, cambia ostensiblemente: la iluminación que recibe la Tierra se toma más débil, como en un atardecer 30 minutos antes de la noche pero con la fascinante peculiaridad de que no sólo se ve la típica franja anaranjada hacia el oeste sino que todo el horizonte, en sus 360, toma una coloración rojiza. Las estrellas y los planetas más luminosos se hacen visibles y los animales toman, en franco desconcierto, hábitos nocturnos. Además, el Sol, ocultada su parte sólida por la Luna, deja ver su corona, que es el lugar donde ocurren las explosiones solares. Estas explosiones reciben el nombre de prominencias y se ven a ojo desnudo -sólo en el momento de la totalidad- como columnas de llamas anaranjadas. Por si esto fuera poco la temperatura del ambiente disminuye rápidamente, mientras que aumenta la humedad.

En pocas palabras, la naturaleza entera se descalabra mientras hombres, animales y aves viven una experiencia sencillamente incomparable. Los testigos de un eclipse total de Sol no consiguen relatar hechos concretos, sólo recuerdan emociones que afloran solas y que se manifiestan de maneras similares en todas las épocas. Hoy, probablemente a nadie se le ocurriría gritar "victoria al Sol", como los aterrorizados observadores del siglo IX; sin embargo, la gente no puede contener sus sentimientos cuando se hace la totalidad, una constante que pareciera remontarse a los tiempos en que todo lo que sucedía en el cielo era potestad de los dioses. "El mejor grito que tengo grabado -contó Blain- es de un astrónomo profesional. Dijo algo así como: Esto es espectacular, no se puede creer. Y se quedó tan impresionado que perdió todas las mediciones que tenía que hacer".

Cuando dos grandes se cruzan

Desde los tiempos de Tales de Mileto, cuando en el año 585 a. C. predijo un eclipse solar para asombro de la realeza, las ocultaciones de Febo han sido fenómenos misteriosos. Y este singular misterio sólo puede haber sobrevivido a las explicaciones racionales de la astronomía porque subyace bajo el manto de lo puramente vivencial y humano. "Ir a ver un eclipse total de Sol es una de esas cosas que hay que hacer una vez en la vida, le guste a uno la astronomía o no. Es algo que no se puede transmitir verbalmente", sugiere Carlos Angueira Vázquez.

Según Alejandro Blain, se puede ir una vez a ver exclusivamente el eclipse, y después sólo para observar lo que pasa con la gente en ese momento: "Es como ir a una cancha de fútbol, uno va en principio a ver el partido, pero alguna vez se queda mirando lo que hace la gente, las dos cosas llaman mucho la atención".

EL ULTIMO ECLIPSE TOTAL DEL MILENIO

El 11 de agosto de 1999 la última umbra, la sombra producida por el eclipse, del segundo milenio recorrerá la Tierra. Millones de habitantes de grandes ciudades de Europa, Medio Oriente y Asia serán testigos de este fenómeno único, así como miles de astrónomos, científicos y "turistas astronómicos" que en Estados Unidos ya casi han agotado las vacantes para el "Eclipse 99 tour".

Este eclipse -que cuenta con la ventaja de pasar por varios centros de turismo mundial- será visible por primera vez en las ciudades de Cornwall y Devon, en Inglaterra. Después, la umbra se internará en el continente europeo y pasará a sólo 30 kilómetros de París, dejando a la ciudad luz en más de dos minutos de penumbra casi total (99,4 por ciento). El recorrido de la sombra continuará por el sur de Bélgica, Luxemburgo y Alemania, donde dejará ver a los habitantes de Munich un espectáculo de eclipse total por más de dos minutos. Luego se desplazará hasta Austria y Hungría, pasará por el extremo norte de Yugoslavia para desembocar en Rumania donde alcanzará su máxima duración (2 minutos 23 segundos). Después oscurecerá Bulgaria, Turquía, Irak, Irán y Pakistán.

Finalmente la India será el último testigo del eclipse total y, con el anochecer, en la Bahía de Bengal la sombra lunar abandonará la superficie terrestre y no regresará hasta junio del 2001.

Publicado en “Futuro”, Página 12, el sábado 12 de setiembre de 1998.

 

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