Introducción
Apuntes
Artículos
Docentes
Links
Metodología
Programa
 

 

LOS VAMPIROS LE TEMEN A PASTEUR

¿Drácula tenía rabia?

Por Ileana Lotersztain

Drácula, el protagonista de la famosa novela de Bram Stoker, no habría sido un vampiro, ni siquiera un excéntrico asesino al que le gustaba beber la sangre de sus víctimas. Para el neurobiólogo español Juan Gómez-Alonso, el conde de Transilvania padecía una penosa pero vulgar enfermedad: la rabia.

Gómez-Alonso cuenta que esta teoría algo descabellada se le ocurrió después de ver una de las tantas películas sobre los hombres murciélago. Poco tiempo antes, el investigador había leído un estudio sobre los virus que afectan el cerebro. Y se quedó completamente asombrado por el enorme parecido entre el vampirismo y la rabia.

El vampiro rabioso

Esa singular coincidencia lo llevó a revolver la literatura vampiresca y a compararla con los casos documentados de la enfermedad. El resultado de su corazonada es un trabajo que acaba de publicar la revista Neurology, donde Gómez-Alonso asegura que las similitudes son demasiadas para ser una mera casualidad.

Las evidencias que respaldan la teoría del vampiro rabioso son muchas. En primer lugar, los hombres murciélago tuvieron su momento de gloria en la Europa oriental del siglo XVIII, justamente cuando el virus de la rabia hacía estragos en la región.

Pero hay otras coincidencias más interesantes. Según la leyenda, los hombres vampiro pueden tomar también la apariencia de perros, lobos y murciélagos. Atacan tanto a personas como a animales y se alimentan de la sangre de sus víctimas. Vista con ojos de epidemiólogo, la historia tiene una lectura muy diferente. Como todos los bichos de sangre caliente pueden contraer la rabia, esto aclara perfectamente el cambio de aspecto de los vampiros. Y como el mal es muy contagioso, la víctima de un ataque también se enfermará. Esto justifica el mito popular según el cual aquel que sea mordido por un vampiro se convertirá también en uno.

El comportamiento agresivo también tiene explicación. No es otra cosa que la "rabia furiosa", la versión más severa de la enfermedad. Quienes la sufren parecen poseídos por un espíritu maligno y la emprenden a mordiscones con todo aquel que se cruce en su camino.

El problema de los espejos

Ahora bien, ¿cómo explica Gómez-Alonso que los hombres murciélago huyan de la luz y los espejos? La respuesta es simple: el virus de la rabia les provoca a sus víctimas dolorosos espasmos musculares en la cara y el cuello. Durante esos ataques, a los enfermos se les hace muy difícil tragar y respirar. Y, casualmente, las convulsiones se precipitan si se exponen a una luz brillante o al reflejo de un espejo.

Pero la leyenda cuenta también que el vampirismo era mucho más frecuente en los varones. Y que estos señores tenían un apetito sexual que escandalizaría al mismísimo Giovanni Casanova. Esto también tiene una explicación. El virus ataca a 7 hombres por cada mujer. Y es muy común que los muchachos afectados se entreguen en cuerpo y alma a los mandatos de la pasión.

Con tantas evidencias a favor, el biólogo español está convencido de que su teoría es acertada. De ser así, a los cazadores de vampiros modernos les convendría protegerse de los mordiscos con una dosis de vacuna antirrábica, en lugar de esgrimir los tradicionales crucifijos, ristras de ajos y estacas de madera.

Publicado en “Futuro”, Página 12, el sábado 17 de octubre de 1998.

 

Volver al índice de artículos