DEFENDER LA SOCIEDAD.  NOTAS FOUCAULTIANAS SOBRE LA “ANTICIENCIA” O INSURRECCION DEL SABER

 

Silvia Rivera*

 

 

            En enero de 1976 Foucault comienza  su curso en el Collège de France advirtiendo a sus numeroso oyentes, entre otras cosas, acerca de los riesgos de la erudición inútil que circula en el seno de compactas sociedades secretas. Compactas e indestructibles sociedades secretas características de Occidente, pero curiosamente desconocidas en el esplendor de la Grecia clásica. Sociedades secretas que producían y sostenían teorías totalitarias y envolventes ya al iniciarse el desmembramiento del mundo antiguo y que producen y sostienen teorías totalitarias y envolventes todavía, en tiempos de redes y mercados globalizados.[1]

            Sociedades secretas que, algunos años antes en 1970, Foucault había caracterizado bajo la figura de “sociedades de discurso”, entendiendo por estas a aquellos grupos cerrados encargados de producir discursos a través de reglas estrictas, para hacerlos circular en espacios acotados y estructurados, distribuyéndolos a través de regularidades rígidas y preestablecidas.[2]  El ejemplo al que recurre Foucault en este caso es el de los antiguos grupos de rapsodas que poseían el conocimiento de los poemas para recitarlos y eventualmente variarlos o transformarlos. Y si bien puede pensarse que estos grupos son cosa del pasado, basta mirar a nuestro alrededor para reconocer con nitidez sus ecos en las pautas de validación del saber técnico o científico, en las formas de difusión del secreto médico, en las modalidades de apropiación del discurso económico y político.

             Es verdad que en las últimas décadas asistimos al renacer de la tendencia crítica, o pensamiento negativo - como lo llama Massimo Cacciari[3]- al que reconoce, a lo largo de la historia, un curioso movimiento pendular, ya que a tiempos de pensamiento negativo sigue indefectiblemente una época de refundación.  De todos modos, y más allá de pendularidades o vaivenes, cabe preguntar por la especificidad del pensamiento crítico contemporáneo, por su significado y alcance frente a las resonancias que en distintos sectores de la trama social tiene la nueva versión globalizada de las sociedades de discurso que la academia legitima. 

 

            En este sentido, y en relación a la especificidad de la crítica que vemos emerger en las últimas décadas, podemos señalar una clara “tendencia al desmenuzamiento general de los suelos”[4] que se realiza desde una perspectiva discontinua, particular, local, que desafía los cánones establecidos al rechazar un régimen común de organización de sus enunciados, de validación de sus afirmaciones y de esquematización de sus posibles lecturas e interpretaciones.

            Por otra parte, en relación a los alcances de esta modalidad crítica, Foucault nos habla tanto de los “retornos del saber” como de la “insurrección de los saberes sometidos”.  La expresión “retornos del saber” hace referencia, en este caso, a la erudición del archivista que ilumina la memoria histórica de las luchas que sostienen la tiranía de los saberes en cada caso hegemónicos.  A su vez, y como la otra cara de una misma moneda, la expresión “saberes sometidos” nos  remite a aquellas palabras descalificadas, porque se supone no alcanzan el nivel de cientificidad exigido en cada época.  Palabras marginales que a veces son excluidas, en tanto otras veces resultan atrapadas por el régimen discursivo vigente, que las sepulta en sistemas de reglas, en marcos integradores y sistemáticos que les son ajenos, enmascarando de este modo su irreductibilidad que es precisamente la fuente de su potencial crítico frente a universalidades y ahistoricismos.  Palabras marginales y descalificadas que el ejercicio crítico de modalidad genealógica permite reconocer y escuchar.  

            Defender la sociedad: este es el título del libro que reproduce la palabra pronunciada públicamente por Foucault en el Collège de France entre los años 1975 y 1976, que fue recuperada a partir de grabaciones y notas de los asistentes. Defender la sociedad no es entonces un título previsto por Foucault, sino inventado por sus editores.  Considero, sin embargo, que se trata de un título justo, y aún más que eso, fértil en potencial heurístico en tanto nos impulsa a explorar el vínculo existente entre la acción que promueve –la defensa de la sociedad- y la recuperación de los saberes sometidos: el saber del enfermo, del enfermero, del delincuente, del trabajador social. El saber del médico en la inmediatez de su cotidianeidad, que se contrapone en un juego de paralelismos y marginalidades al saber de del medicina institucionalizada.  En otras palabras: “anticiencia” o “insurrección del saber”.[5]

            El propio Foucault se ocupa de aclarar en sus clases que en modo alguno debe entenderse su propuesta de “anticiencia” como un modo de promover la ignorancia o de alentar un oscurantismo anacrónico de cierto tono romántico. Se trata, por el contrario, de cuestionar los supuestos de la ciencia institucionalizada, apuntando no tanto a sus conceptos, sus contenidos, sus métodos sino muy especialmente a sus efectos de poder, que quizás de modo eminente, se manifiestan en lo que se ha dado en llamar “gestión de la ciencia”. Efectos de poder que están relacionados con el modo como la ciencia interacciona con otras prácticas en sociedades como la nuestra; con el modo como las sociedades cerradas imponen su dinámica al conjunto de la trama social.  Porque contra las esperanzas de Karl Popper[6] advertimos que el despliegue desmesurado de la ciencia no ha promovido una sociedad más libre o “abierta”, sino que ha generado sofisticadas formas de discriminación y exclusión. 

            Entiendo, entonces,  que la fuerza de la crítica  que nos propone Foucault, radica en su posibilidad de convocar otras voces, pero modificando las condiciones de posibilidad de la escucha par que su irreductible singularidad no se pierda.  Es por esto que trabajar en la promoción de la insurrección del saber es una forma de trabajar en la modalización de la violencia institucional e institucionalizada que opaca los vínculos en el marco de las sociedades contemporáneas. Es esta una violencia estructural que se ha desarrollado silenciosamente, en el interior de las instituciones que sostienen la producción y circulación del saber en el ámbito de la medicina, el derecho, la pedagogía, la economía y también de las llamadas “ciencias duras” entre otras.  Y la imposición hegemónica del saber es violenta porque enmarca sujetos, tradiciones y perspectivas en la injusticia de una homogeneidad de superficie que esconde negación y exclusión. Desactivar esta violencia, o al menos denunciar las estrategias del poder epistemológico –que crea saber a partir de la manipulación, la opresión y la discriminación-, es sin duda un ejercicio de defensa de la sociedad, ejercicio que opera en la resignificación de los vínculos y en el ensanchamiento de los márgenes para la decisión y la acción.

            Sin duda, la provocación que Foucault lanzó en su clase del 7 de enero del Collège de France nos alcanza en nuestro presente, nos interpela y nos señala que sus implicancias últimas son éticas. Porque como afirma Borges en el El ruiseñor de Keats -luego de haber recorrido algunos momentos célebres de la tradicional polémica entre universalistas y particularistas- no es incapacidad especulativa aquello que impide a algunos hombres traficar con universales al pensar al sujeto, el conocimiento, la verdad y la historia;  sino que es más bien respeto, honestidad y sobre todo  “escrúpulo ético”[7].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

 

Borges, J. L.  Obras Completas,  Buenos Aires, Emecé, 1974.

CACCIARI, M. Krisis, ensayo sobre la crisis del pensamiento negativo de Nietzsche a Wittgenstein, México, Siglo XXI, 1982.

CAMPS, V.

FOUCAAULT, M.  El orden del discurso,  Barcelona, Tusquets, 1982,  Págs. 34 y ss.

FOUCAULT, M.  Defender la sociedad. Curso en el Collège de France (1975-1976),  Buenos Aires, FCE, 1978

POPPER, K. La sociedad abierta y sus enemigos, Bs. As., Paidós, 1997.

 



* Prof. de Filosofía. Coordinadora académica de la Maestría en Metodología de la Investigación Científica

 

[1] Cfr.  Foucault, M.  Defender la sociedad. Curso en el Collège de France (1975-1976),  Buenos Aires, FCE, 1978,  págs. 15 y ss.

 

[2] Cfr. Foucault, M.  El orden del discurso,  Barcelona, Tusquets, 1982,  págs. 34 y ss.

 

[3] Cfr. Cacciari, M. Krisis, ensayo sobre la crisis del pensamiento negativo de Nietzsche a Wittgenstein, México, Siglo XXI, 1982.

[4] Foucault, M Defender la sociedad,  pág. 20.

 

[5] Foucault,  M. op. cit. pág. 22.

[6] Cfr. Popper, K. La sociedad abierta y sus enemigos, Bs. As., Paidós, 1997.

 

[7] Borges, J. L.  “Otras Inquisiciones”. En:  Obras Completas,  Buenos Aires, Emecé, págs. 719.