CATEDRA: DERECHO A LA SALUD

PROF.: Lic. María Felicitas ELIAS

CARRERA DE TRABAJO SOCIAL

FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES – UBA

 

 

 

Documento de Cátedra

 

LA MEDICINA ESTATAL EN AMÉRICA LATINA. (1880-1930)

(Extracto del original) AUTOR: JUAN CESAR GARCÍA.

EN: Revista  Latinoamericana de Salud 1,73-104, Julio 1981, México. Pág 73-101.

 

 

En el período 1880-1930, los países latinoamericanos ajustan sus servicios de salud a las necesidades de una pro­ducción capita­lista desti­nada al comercio exterior. Un reco­rrido por la historia de la práctica médica estatal revela como el pasaje de consejos o juntas nacionales de sanidad, a departamentos nacionales, significa la búsqueda por estructu­rar organismos ejecutivos capaces de desem­pe­ñar acciones rápidas en un campo de creciente interés para las oligarquías nativas. Un momento posterior en la organización sanita­ria estatal será representado por la aparición de las direcciones de sanidad, o ministerios que suponen un definitivo reconoci­miento a la importancia de la gestión oficial en esta área. Acompañando el proceso de indus­trialización se materializa una cuarta etapa con el surgimiento de las instituciones de segu­ridad social. Recono­ciendo las diferencias nacionales, se ejemplifica cada una de estas etapas con la situación vigente en los países donde  se inicia o se asume con mayor intensidad cada nueva forma de intervención estatal en salud.

Asimismo, se analizan los lazos entre los países latinoamerica­nos y las economías [2] capitalistas avanzadas, que evidencias a través del papel que cumplen  las fundaciones, organismos interna­cionales, o bien la intervención militar directa.

Entonces, los cambios en la estructura organizativa del estado son explicados como una transformación necesaria a la fase inicial de la implantación del capitalismo en América Latina. Esta tarea es asumida por la burguesía surgida de la producción capitalista de materias primas y de productos alimenticios exportables.

Una segunda parte del trabajo (a ser presentada en el siguiente numero)  analiza como el surgimiento de la medicina estatal fue posible también debido a cambios en el saber médico y la incorpora­ción a la sanidad de las acciones propias de la asistencia social.

Respecto al saber médico se destaca: a) la hegemonía del modelo etiológico basado en el papel de los insectos como vectores; b) la concen­tración de la investigación en instituciones estatales y c) la influencia del modelo organizativo del instituto Pasteur.

En cuanto a la interacción entre sanidad y asistencia, se carac­teriza al desempeño por parte del estado capitalista de dos funciones:  la de constituir el capital social y la de administrar el gasto social. La mencionada integración implica el aumento de los órganos sociales, acorde a la necesidad de atender a un creciente ejército industrial de reserva, producto de la  expansión del modo de produc­ción capitalista.

Durante las últimas décadas del siglo XIX y las tres primeras de este siglo, en América Latina se registra la creación de órganos de sanidad de carácter nacional. La centralización de los servicios de sanidad se explicará como parte de un proceso más amplio de transfor­mación de la superestructura jurídico-política del estado, transforma­ción requerida para que esta correspondiera con la fase inicial de la implantación del capitalismo y realizada en los países de la América Latina por la burgue­sía surgida de la producción capitalista de materias primas y de productos alimenticios destina­dos al mercado exterior.

Es surgimiento de la medicina estatal fue posible también debido a los cambios que se habían operado en el campo médico, como resultado de su vinculación con el proceso de producción capitalista y que la afecta en su conceptualización en su practica y en la forma como organiza sus activida­des. Por lo tanto, el análisis de la medicina estatal en el período de 1880 a 1930 deberá iniciarse con una presen­tación breve de las formas de vinculación de la medicina en el capita­lismo y su transformación concep­tual y técnica. El segundo paso en la exposición, bajo el título de El surgimiento de la Medicina Estatal, trata sobre la creación de órganos estatales de sanidad, considerando a la sanidad, hasta cierto punto, como sinóni­mo de medicina estatal, ya que la sanidad adquiere para el Estado una importancia mayor que otros tipos de prácticas médicas. El tercero y último capítulo se refiere a la forma como se desarrolló la medicina estatal, en el período considerado, finalizando con las transformaciones que se producen en el campo de la atención médica y que se han de desen­volver en todas sus posibilidades a partir de 1930.

 

1. LA MEDICINA EN EL CAPITALISMO.

 

En el modo de producción capitalista la medicinase desplaza del espacio religioso y político, donde se encuentra en los modos de produc­ción precapitalistas, para articularse con el proceso de produc­ción económica. En este modo de producción el trabajador pierde el control y la propiedad de los medios de trabajo y tiene, en consecuen­cia, que vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Entonces, la región económica juega el papel dominante en la estruc­tura social y, también, a este se vincula la medicina, variando las formas concretas de su articulación según las maneras en que se implanta el capitalis­mo.

La medicina comienza su transformación desde el momento mismo en que surgen los supuestos de la producción capitalista, es decir, en el período de la acumulación originaria. Esta ultima, es el proceso mediante el cual la relación entre el productor y sus medios de trabajo se escinde, dando como resultado, por un lado, la acumu­lación de obreros libres, y por el otro, la acumulación de medios de produc­ción. En Europa, este proceso tuvo características violentas: las grandes masas de campesinos expulsados de sus lugares de traba­jo, al no ser absorbidos inmediatamente por la manu­factura, consti­tuyeron un grupo considerable de desocupados. Al colaborar en su confinamiento, la medicina interviene sobre este grupo mediante diversas institucio­nes: asilos, casas de trabajo y hospitales, en donde además, se les trata de crear hábitos de disciplina y orden, necesarios para el trabajo industrial. Aunque estas instituciones no podrían ser conside­radas, en ese tiempo, como estrictamente médicas, ya que no eran utilizadas por los grupos dominantes del campo médi­co. Sin embargo posibi­litan que los escalones más bajos de la medi­cina adquieran una experiencia y desarrollen un conocimiento que lleve al surgimiento de una nueva medicina clínica, y a una renova­ción de la cirugía.

En América Latina, en cambio, la acumulación originaria tuvo un desarrollo lento y tortuoso. En las etapas iniciales del capitalis­mo, la escisión entre productor y medios de producción no fue com­pleta y, en consecuencia, la medicina no tuvo, como la europea, a las grandes pobla­ciones desplazadas como objeto de práctica. Los hospitales de indios (durante la colonia) y los asilos y hospitales de la beneficen­cia (durante la independencia) tuvieron un desarrollo precario y no fueron asiento de una transformación importante de la medicina.

La revolución que se opera en las condiciones generales del proceso social de producción, esto es, de los medios de comunicación y transporte (como consecuencia del paso de la manufactura a la gran industria), da origen al segundo vínculo de la medicina en el capi­talismo. [3]

La cuarentena se convierte en una traba al comercio internacio­nal y su abolición crea un campo de intervención para la medicina. La lucha contra las enfermedades que justificaba la cuarentena y que, por otra parte, constituían un peligro real para las poblacio­nes y el comercio, ha de ser, en América Latina, el punto de partida para la transformación y el desarrollo de la medicina.

El tercer tipo de nexo que la medicina tiene con la estructura económica, se establece a raíz del interés por aumentar la cantidad de trabajo suministrado por el mismo número de obreros, sin que se modifique la jornada de trabajo; en América Latina se logra mediante la lucha contra las enfermedades llamadas "debilitantes" (como la anquilostomiasis y la malaria), en el sector primario exportador. Este tipo de intervención basado en los hallazgos de la microbiolo­gía y la parasitología, no requie­re de un cambio radical de la concepción prevalente obre la enfermedad y la salud: en las socieda­des precapita­listas era fundamentalmente ontológi­ca, es decir, la enfermedad se diferenciaba del estado de salud en térmi­nos cualita­tivos. En cambio, la producción de la plusvalía relativa caracteri­zada por el acrecenta­miento del plusvalor por medio de la reduc­ción del tiempo del trabajo necesario independiente de los límites de la jornada laboral, revolu­ciona la medicina, especialmente cuando toma a su cargo las consecuen­cias producidas  por la intensificación del trabajo. La reducción de la jornada de trabajo lleva a que el capi­tal imponga un mayor gasto de trabajo en el mismo tiempo (que se convierte en perniciosa para la salud de los obreros y por lo tanto para la fuerza misma del trabajo). En su nueva misión, la medicina ha de tener bajo su control la parte humana de la actividad de producción y no podrá instaurar una nueva práctica sin antes reali­zar un cambio radical de la conceptualización de la relación entre salud y enfermedad. Es así como surge la inter­pretación de la enfer­medad como variación cuantitativa de una norma, y la de la salud como algo cuantitativamente perfeccionable. Sobre esta base concep­tual es posible un gran desarrollo de la medicina que le permite interve­nir sobre el individuo para llevarlo a los más altos niveles posibles de productividad y señalar a la fatiga o agotamiento de la fuerza de trabajo como generadora de casi todo tipo de enferme­dad.

La medicina, finalmente, no escapa a las determinaciones gene­rales impuestas por el modo de producción dominante, al constituir­se, en fases avanzadas del capitalismo en un sector de realización del valor de ciertas mercancías (como el medicamento) o al ser determina­dos los precios del servicio médico por los costos de producción, a los cuales puede atenerse. Sin embargo estas situacio­nes no alteran la esencia de las relaciones de la prestación perso­nal de servicios médicos, como, en cambio, sucede en los casos donde se presenta la producción de plusvalía.

Salvo muy raras excepciones, la medicina estatal no toma a su cargo todas las actividades que se derivan de las vinculaciones mencionadas (de la medicina con la estructura), las que por otra parte, no se presentan simultáneamente. Se observa que la interven­ción del Estado pasa por diferentes períodos, según la importancia que le asigna a cada una de las actividades médicas. Así, la sanidad marítima, fundamental para la medici­na estatal a principios de siglo, es suplantada en importancia por la sanidad terrestre y, posteriormen­te, por la asistencia social. Asimismo en ciertos perío­dos y como parte de su función general, el Estado utiliza a la medicina como herramienta política para disminuir las tensiones socia­les en ciertos sectores de la población, por ejemplo, o como instrumento para la acumulación de capital (como suele ocurrir con los seguros socia­les). Por lo tanto, la medicina estatal y las formas institucionales que asume, no pueden considerarse ni expli­carse sin tomar en cuenta el desa­rrollo mismo de la medicina y la totalidad social donde se implan­ta, crece y se transforma.

 

 

2. SURGIMIENTO DE LA MEDICINA ESTATAL EN AMÉRICA LATINA.

 

 

En el período 1880 a 1930 en América Latina se crean órganos burocrá­ticos, que, con el nombre de direcciones, departamentos o servicios nacionales se encargan de llevar a cabo actividades en el campo de la salud. Esta intervención del Estado difiere notablemente en la forma y el contenido de la que venía realizando hasta el momen­to. Así, durante la colonia el estado monárquico absolutista solo contaba con una institución que se ocupaba solo de asuntos médicos: el Tribunal del Protomedicato, destinado a administrar la justicia en relación con las profesiones médicas. El Protomedicato examinaba a quienes iban a ejercer  la profesión médica; ponía multas, controlaba las boticas, trataba sobre los delitos en el ejercicio de los diversos gremios médicos y tomaba conocimiento de las plantas medicinales de la región. En caso de epidemias el tribu­nal del Protomedicato preveía dictamen al ayuntamiento, quien tomaba las medidas del caso. El ayuntamiento colonial y el Virrey se encar­gaban de dictar algunas medidas higiénicas, como las referentes a las limpiezas de las ciudades, cuyo cumplimiento dejaba mucho que desear.

Durante la colonia, la fundación de hospitales fue resultado de la acción real del Cabildo y la Audiencia, aunque la mayoría eran de origen religioso y se establecieron - como lo expresa Venegas Ramí­rez con rela­ción a los hospitales para indios -, no solamente con fines terapéuticos, sino por interés de tipo económico, político y reli­gioso.[4]

En América Latina, el Estado precapitalista nacido con la inde­penden­cia no interviene centralmente en el campo de la salud, salvo en forma normativa, dejando la ejecución a nivel municipal.

La debilidad e inestabilidad de este tipo de Estado, que corresponde a la atomización del poder político, característico del precapita­lismo, no permitía superar los rasgos fundamentales de la civiliza­ción española y portuguesa de la contrarreforma y el militarismo. Así, los órganos estata­les territoriales se habían desarrollado durante la monarquía absolutista \(como el municipio), incrementaron su autonomía respecto al poder cen­tral, mientras que las acciones del Estado nacional permanecían poco desarrolla­das; y cuando este Estado incorpo­raba en sus actividades asuntos especia­lizados, tales como salud, lo hacía en la forma característica de las monarquías absolutistas (mediante consejos consultivos). Por ejemplo, los consejos o juntas nacionales de sanidad que se establecieron en la mayoría de los países de América Latina, en el siglo XIX, se carac­teriza­ban por ser cuerpos colegiados, consultivos de los ministerios de goberna­ción o interior, sobre las acciones que se deberían tomar en asuntos relativos a "la salud del común de los habitantes" de la nación y espe­cialmente en situaciones de emergencia, como en el caso de epidemias. Además, estos consejos tenían funciones normativas y de vigilancias similares, aunque de mayor amplitud, a las que en la Colonia realizaba el Tribu­nal del Protome­dicato, y en los primeros años de independencia, los tribunales médicos.

El Estado precapitalista de las naciones independientes tampoco había cambiado la esencia de los campos de su intervención en salud y si en algunas circunstancias aplicaba medidas como la cuarentena, poco frecuen­tes durante la colonia, no constituían nuevas formas de inter­vención.

Durante el período de 1880 a 1930, la creación de directores o de departamentos nacionales sobre asuntos específicos, en el campo de la salud, representa un cambio sustancial, con respecto al papel jugado anteriormente por el Estado nacional. Esta diferencia se establece en los siguientes aspectos: a) se crean unidades burocrá­ticas en lugar de cuerpos colegiados; b) se les asigna a dichas unidades responsabilidad ejecutiva en lugar de solamente consultiva o normativa; c) se les adjudica atribu­ciones que anteriormente estaban bajo el ámbito del poder local y, d) el objeto de la inter­vención y la misma intervención es transformada para vincularse con la estructura económica, abandonando - por el momento - las vincula­ciones con la instancia ideológica y política, característica del Estado precapitalista en el campo de la salud.

El tipo de Estado en el cual se crean unidades burocráticas específi­cas para la salud es el denominado "liberal-oligárquico". El título de liberal hace mención a la adopción de la teoría libe­ral, que supone la no-intervención del Estado en la vida económica, lo cual da lugar al libre juego del mercado y de la iniciativa privada; y el nombre de oligárquico, al hecho de que el gobierno es manejado por un grupo cerrado, compuesto por latifundistas, burgue­sía compra­dora, y representantes del capital monopólico. En este tipo de Estado, que Gramsci denomina "económico-corporativo", quie­nes deten­tan el poder no superan los intereses económi­cos de su grupo y no intentan que el grupo social más amplio haga suyos estos intere­ses. Al faltar el consenso de los sectores subordinados, la coerción extraeconómica se convierte en el eje fundamental del Estado y de aquí el rasgo de autoritario que se le asigna a este tipo de "libe­ral-oligárquico". El uso de la fuerza que supone este Estado impli­ca, en América Latina, la incorporación de los militares en el gobierno como representantes e intelectuales de la burguesía capita­lista surgida de la producción primario exportadora.

El Estado oligárquico-liberal que representa a la burguesía capita­lista incorpora entre sus funciones a las actividades médicas relacionadas con sus intereses económicos, y lo hace con el rasgo autoritario que le caracteriza. La forma como se comporta el Estado frente a los dos sectores de posible intervención, la beneficencia pública y la sanidad, ejemplifica lo expresado anteriormente.

La beneficencia pública consistía en el cuidado y socorro de los indigentes, pobres o desvalidos, a través de varias institucio­nes: casas de huérfanos y desamparados, asilos de párvulos y ancia­nos, casas cunas, institutos de ciegos y sordomudos, manicomios y hospita­les. Durante la Colonia, estas instituciones (principalmente los hospitales) eran lugares de refugio donde se ejercía la caridad cristiana como parte del aparato de hegemonía del Estado monárquico absolutista. El estado precapitalista de las primeras décadas de la independencia, y aún el Estado capitalista "liberal-oligárquico", no intenta alterar en su esencia la concepción de la beneficencia (que permanece siendo caritativa, respondiendo a una visión religiosa del mundo). Sin embargo, por parte de la burguesía urbana se entabla una larga y tortuosa lucha para quitarle al poder religiosos el control de las instituciones de beneficencia. Así, en varios países las socieda­des secretas impulsaron la beneficencia, junto con la educa­ción, como un arma de lucha ideológica.

En la mayoría de los países, el Estado liberal-oligárquico financiaba gran parte de la beneficencia pública, pero dejaba la administración a particulares y bajo la influencia de instituciones religiosas católicas; de esa forma, se demostraba su escasa preocu­pación para imponer una concepción del mundo en los grupos que repre­sentaba. En algunos países como la Argentina, durante las primeras décadas de la independencia se intenta, bajo la influencia de corrien­tes enciclopedistas-iluministas, poner bajo la administra­ción del Estado a las instituciones de beneficen­cia, pero, finalmen­te, para su administración se recurre a corporaciones integradas por mujeres de la oligarquía. En el período de 1880 a 1930 en algunos países donde el Estado supera la fase económica corporativa se observan acciones para incorporar la administración de la beneficen­cia al Estado, y así, desafiar a la influencia religiosa. En Uru­guay, por ejem­plo, la ley de 1905 determinó que la comisión de damas que había promovido la cons­trucción del Hospital de niños quedaría subordinada a la Comisión Nacional de Caridad y Beneficencia e indicaba que el régimen interno del Hospital "será exclusivamente laico y ajeno a toda corporación o secta religiosa". En 1908 la Comisión Nacional de Caridad y Beneficen­cia del Uruguay elimina de la atención a las Hermanas del Huerto en el Asilo de los Expósitos y en los asilos maternales; en el primero la atención fue puesta en manos de personal laico.[5]

Los hospitales de la beneficencia aún en los países donde el Estado participa en su administración, eran fundamentalmente custo­diales y dirigidos a enfermos "pobres" similares en sus acciones, a las institucio­nes de la colonia y de principios de la independencia; por consiguiente, no parecen corresponder exactamente a lo que hoy denominamos atención médica o medicina curativa. En la mayoría de los países de América Latina, este sector de la actividad médica permane­cerá inalterado hasta los años treinta que es cuando el Estado toma un papel activo en su transformación.

A diferencia de la beneficencia pública, la sanidad ha de consti­tuirse, para el Estado oligárquico-liberal, en el sector de mayor preocu­pación y en el cual realiza acciones directas con un nuevo carácter. Se entendía por caridad, en el período considerado, al conjunto de servicios gubernativos ordenados para preservar la salud del común de los habitan­tes. La idea de un enfermar común, ejemplifi­cado en las epidemias, estaba presente en la clasificación de las enfermedades, desde Hipócrates, siendo su causa asignada al medio externo. Durante la Edad Media, estas enferme­dades no eran objeto de atención ya que se las suponía determinadas por Dios, pero es en el Renacimiento cuando se las considera producto de condicio­nes telúricas o de la transmisión de una persona a otra; por consi­guiente se consi­dera la posibilidad de intervenir para prevenirlas o eliminarlas.

Los primeros órganos estatales en establecerse, consejos o juntas nacionales de sanidad, resultaron inoperantes por su consti­tución colegia­da y sus funciones consultivas para resolver los problemas de salud generados, a fines del siglo XIX, por la amplia­ción del comercio interna­cional, al cual se habían integrado los países de América Latina. La colegiabilidad hubo de ser abandonada por el Estado liberal oligárquico porque era una traba para las decisiones rápidas que requería el peligro de las epidemias que interrumpía el comercio internacional y, por otra parte, el poder municipal, especialmente el de las ciudades puertos, intentaba mantener intervenciones perjudicia­les para el poder central frente a la cual los consejos nacionales eran impotentes.

La creación de direcciones, departamentos o servicios naciona­les de sanidad fue la respuesta necesaria del Estado liberal oligár­quico para resolver los problemas de salud que afectaban a los intereses económicos de la burguesía local, y el capital monopólico. Como los consejos, los departamentos de sanidad también dependen de los minis­terios de goberna­ción o del interior, y en los países donde existían consejos nacionales, estas nuevas unidades los reemplazan o los incorporan en su organización.

La importancia asignada por el Estado liberal-oligárquico a la sanidad, sobre otros sectores de la medicina, tales como la benefi­cencia - en la que se incluye la atención hospitalaria - determina que la medicina estatal, en el período de 1880 a 1930, pueda ser consi­derada casi exclusi­vamente como sanidad estatal. Las razones para este desarrollo desigual de la medicina estatal deben buscarse en la vía seguida por la implantación del capitalismo en los países de América Latina que, a diferencia de los países europeos, no pasa por una fase de revolución burguesa. El Estado nacido de esta situación, donde impera la extracción de plusvalía absoluta -mediante la coac­ción económica-, no busca transformar la atención médica para orien­tarla a la mantención y recuperación de la fuerza de trabajo, como sucede donde predomina la plusvalía relativa; tampoco trata de utilizar a las instituciones asistenciales como vehículos de im­plantación de la hegemonía. La transformación de la atención médica tendrá que esperar, en la mayoría de los países, hasta después de los años 30 que es cuando se establecen ministerios que incorporan a este sector como parte fundamental de la medicina estatal. Los escasos ministerios o secretarias que se crean en América Latina antes de 1930 llevan generalmente el nombre de Sanidad y Beneficen­cia, mientras que a los de los 30 y 40 que constitu­yen la gran mayoría, se los denomina de Salud Pública y Asistencia Social. El cambio de nombre refleja una transformación radical en la atención médica estatal.

Por lo expresado anteriormente, el estudio del surgimiento de la medicina estatal centralizada se reducirá a la sanidad estatal y será tratado en tres partes: a) creación de los servicios, direccio­nes o departamentos nacionales de sanidad, de 1880 a 1930, señalando los deter­minantes fundamentales de las decisiones políticas que llevan a la crea­ción de estas unidades, en términos de la correla­ción de fuerzas internas; b) el surgimiento de la sanidad estatal, en Panamá y países de Centroamé­rica, será considerado en capítulo independiente, no solo porque en la mayoría de ellos se produce después de la Primera Guerra Mundial, sino por la importancia que en esta proceso pareciera tener la influencia externa; c) los países que crean órganos estatales de sanidad bajo la ocupación de los Estado Unidos también serán objeto de un análisis independiente, con el fin de poner de relieve el papel del imperialismo en el surgi­miento de la medicina estatal frente al juego de las fuerzas inter­nas.

 

3. LA CREACIÓN DE UNIDADES NACIONALES DE SANIDAD DE 1880 A 1930.

 

Cuando se las distribuye en el tiempo, la creación de direccio­nes de sanidad, y posteriormente de ministerios encargados de los servi­cios de salud, dibujan una curva en forma de "S", es decir, un período lento de creación, seguido por uno rápido, y terminado con otro final. La curva de creación de direcciones nacionales se reali­za en un período mucho más breves que el de los ministerios, y estos comienzan a crearse en la etapa final de creación de las direcciones de sanidad. Una curva similar se encuentra, a partir de la década de los 20, para la creación de seguros estatales de maternidad, acci­dentes y enferme­dades. La creación de minis­terios y de seguros estatales de enfermedad corresponde a la transforma­ción de la medi­cina estatal que se produce en América Latina en las décadas de los 30 y 40.

La curva en forma de "S" ha sido descrita por autores positi­vistas en relación a diversos fenómenos sociales que van desde la adopción de nuevas tecnologías agrícolas hasta la creación de unida­des en la Administración Pública y con ellas se pretende explicar cambios sociales en términos de la difusión de innovaciones. La curva en "S" de la creación de departamen­tos, ministerios y seguros de enfermedad podría hacer caer en la tentación de explicar este fenómeno en térmi­nos de adopción de innovaciones que provienen desde el exterior y donde la variación en el tiempo puede ser explicada por la mayor o menor apertura al ejemplo o la influencia exter­na. Desde la posición "izquierdista", este fenómeno podría verse como resultado de la sola influencia del imperialismo; desde la "dere­cha", como la imitación de modelos más avanzados. En ambos casos, el denominador común será el papel predominante que juegan las determi­naciones externas a la formación social considerada.   

Desde el punto de vista del materialismo histórico, los cambios que ocurren en el Estado se explicarían por la dinámica interna de cada formación social, y en el caso concreto de la centralización de los servicios de sanidad, como parte de un proceso más amplio de transforma­ción de la superestructura jurídico-política.

Durante la fase inicial del capitalismo, el Estado toma a su cargo en los aspectos de sanidad, acciones relacionadas con la acele­ración de la acumulación originaria y la expansión del modo de produc­ción capitalista, y aquellas prácticas que interesaban a los grupos dominantes se hacen nacionales, despojando al poder municipal y regional de sus atribuciones. Sin embargo, la vía por la que se desarrolla el capitalismo, en América Latina, hace que el Estado presente ciertas características que lo dife­rencian del que surge en los países que han seguido la alternativa de la revolución bur­guesa. En América Latina la burguesía capitalista surge sobre la base del latifundio tradicional, subordinado al imperialismo, y se entre­laza con la aristocracia terrateniente, dando lugar a una forma de go­bierno cerrado que se ha dado en llamar oligárquico. Por otra parte, no siempre se da la correspondencia entre la estructura económica y los niveles políticos e ideológicos, observándose, en estos casos, que a pesar de la existencia de un modo de producción capitalista, el Estado no se modifica por encontrarse bajo el control de sectores cuya base sigue siendo la producción precapitalista.

Se ha optado por analizar los países según van creando las unidades de sanidad, en lugar de agruparlos por otras característi­cas, porque esta variación en el tiempo refleja las disimilitudes del proceso del proceso que resulta de la combinación de dos fenóme­nos: grado de desarrollo de la producción capitalista, y nivel de control del Estado por los grupos dominantes que emergieron de ésta.[6]  Así, los países que lograron un desarrollo capitalista tempra­no en donde la burguesía que surge de esta producción se halla controlada por el Estado, son también los países en los que primero se crean unidades estatales de sanidad; Argentina y Uruguay consti­tuyen los ejemplos clásicos. En otros países se observan combinacio­nes dife­rentes que explicarían el "momento"  en que se da la crea­ción de los órganos estatales de sanidad. En todo caso, el elemento común para todos los países, en relación al fenómeno que se está analizan­do, es el interés económico que implica la sanidad marítima y te­rrestre para la burgue­sía que se había desarrollado de la im­planta­ción del capita­lismo en el sector primario exportador.

           

Argentina, Uruguay y Brasil son los países que primero crean unidades estatales de sanidad, a fines del sigo XIX. La ausencia, en los dos primeros, de modos de producción precapitalistas arraiga­dos, permite que la implantación del capitalismo se realice en forma temprana, y se desa­rrolle aceleradamente, dentro de los límites señalados por la vía de los grandes latifundios y que la burguesía controlada por el Estado inicie, sin tropiezos importantes, un desa­rrollo de la sanidad estatal. Brasil presenta un caso excepcio­nal por la heterogeneidad que presenta en cuanto a la existencia de diferentes modos de producción y donde se destaca un espacio equipa­rable a la de la zona rioplatense: el área cafetalera paulista. Es precisamente en el estado de Sao Paulo, controlado por la burguesía cafetalera, donde se ha de desarrollar la sanidad estatal; y es este mismo grupo el que ha de impulsarla sanidad en el Estado Nacional.

Al crear el Departamento Nacional de Higiene (presidido por J.A.Roca) en diciembre de 1880, Argentina se convierte en el primer país de América Latina que organiza burocráticamente una unidad a nivel del Estado nacio­nal para tratar sobre asuntos de salud.[7]  Roca y los gobernantes que le siguieron representaban a una clase de terra­tenientes liberales que se dedicaron al crecimiento de las oportuni­dades de mercado para sus produc­tos agroganaderos y para quienes las medidas sanitarias implicaban un instrumento que, a través de la inmigración europea, les facilitaba los trabajadores "libres" que la producción capitalista requería. [8] En cuanto a la exportación de mercancías, sus intereses eran coincidentes con el de los países capitalistas de Europa, especialmente Inglaterra, con quien la burgue­sía argentina mantenía estrechas relaciones de carácter comer­cial y financiero. Por lo tanto, no es extraño que las medidas iniciales se concentraran en regular a las cuarentenas y a sanear el puerto de la Capital, y que el Departamento de Higiene fuera creado con presupuesto de la marina          

Los años iniciales del Departamento de Higiene representan frecuentes conflictos jurisdiccionales con la corporación municipal de la Capital, bajo el control de la burguesía compradora, que se consti­tuye en un obstáculo para el pleno desarrollo del Departamento en una entidad verda­deramente nacional. La reorganización de 1891 representa un avance, por la ampliación de su competencia, al encar­gársele la sanidad de todos los puertos, y no exclusivamente del de la Capital. Esto refleja los cambios operados en el eje de la expor­tación agríco­la, que se traslada hacia el sur de la provincia de Buenos Aires, creando, como consecuencia,  un desarrollo de los puertos y ciudades más cercanos a esa producción.[9]

La correspondencia que se da en Argentina entre el desarrollo del capitalismo y la superestructura jurídico-política permite que Argen­tina se convierta en líder latinoamericano de un movimiento científico y médico que eficazmente se opone, al menos en la primera década de este siglo, a los intentos de hegemonía en este campo por parte de Estados Unidos.[10]

Dentro del cuadro latinoamericano, Uruguay presenta caracterís­ticas semejantes a las de Argentina. El 3 de octubre de 1895 es promulgada la ley que establece el Consejo Nacional de Higiene, bajo dependencia del Ministerio de gobierno, reflejando el triunfo de los grupos capitalistas emergentes. Si bien, en el caso de Uruguay, no se abandona la forma corporativa, ya que el Consejo Nacional reem­plaza al Consejo de Higiene Pública, se operan cambios en el carác­ter de la corporación que, " de meramente consultiva pasaba a ser un organismo de amplias atribuciones, consultivas y ejecutivas a la par".[11]

La existencia de modos de producción precapitalistas arraigados hacen que la implantación del capitalismo en el Brasil, siga un camino acciden­tado que también se refleja en el Estado y, por consi­guiente, en la sanidad estatal. Así, la guerra cuarentenaria que se había desatado entre Brasil, Argentina y Uruguay, en 1893, en gran medida correspondía a las luchas internas entre diferentes sectores de la burguesía del Brasil. La modificación del reglamento del servicio de puertos, de 1895, con el fin de que la carne de "xar­que", proveniente del Río de la Plata, que afectaba los intereses regionales de los productores de charqui de Río Grande, es el triun­fo del capitalismo agro exportador (surgido de la producción cafeta­lera) que para su fuerza de trabajo necesitaba de carne más barata y de mejor calidad, proporcionada por los países rioplatenses.[12]

La creación, en 1897, de la Dirección Geral de Saude Pública (depen­diente del Ministerio de Justicia e Negocios interiores), es un logro parcial en la centralización de los servicios de sanidad, requerido para que la burguesía cafetalera saneara los puertos por donde salía su produc­to.[13]  La creación de la Directoría significaba la reunión de dos institu­ciones de carácter federal ya existentes: el instituto Sanitario y la Inspectoría General de Saude Dos Portos. Sin embargo, no implicaba un progreso significativo sobre el antiguo Instituto Sanitario, ya que la Sanidad de la Capital de Brasil conti­nuaba a cargo de sus Prefectura Municipal. La reorganización de la Directoría, en 1904, con el gobierno de Rodríguez Alvez, amplía sus atribuciones posibilitando la limpieza del puerto de Río de Janeiro.[14]

En la primera década de este siglo, cinco países, Bolivia, Cuba, Ecuador, Paraguay y Perú, crean unidades estatales de sanidad. Cuba lo hace bajo la ocupación de Estados Unidos, por lo tanto será analizado conjuntamente con Haití y República Dominicana, con los cuales compar­te igual situación.

En 1899, Paraguay crea el Consejo Nacional de Higiene (bajo la dependencia del Ministerio del Interior), que tendría a su cargo la administración sanitaria, pluvial y terrestre de la República. En noviem­bre de 1902 establece el Departamento Nacional de Higiene.[15] Estas medidas tomadas bajo la influencia de Argentina y Uruguay (de las que dependía para la exportación de sus productos y con quienes tenía firmados tratados sobre sanidad marítima), tienen un magro desarrollo. A partir de 1904 con la llegada al poder del Partido Liberal, que representaba a una pequeña burguesía progresis­ta cons­tituida en gran parte por inmigrantes, el Estado toma algunas medi­das sanitarias de mayor envergadura. En 1915 se reglamen­ta el Depar­tamento Nacional de Higiene y se crea una Comisión Nacional de Asistencia Pública: en 1917 se suprime la Comisión y se incorpora la Asistencia Pública al Departamento Nacional de Higiene.[16]

 

La implantación del capitalismo en Bolivia, Ecuador y Perú se hace sobre una matriz en que domina una producción feudal y es así como se presentan dos grandes fracciones en el grupo dominante: los terratenientes feudales y la burguesía capitalista. A esto debemos agregar la influencia del capital monopólico que hace alianza con la  burguesía capitalista.

En Perú, la invasión de la peste en varios puertos, a princi­pios de 1903, constituye la coyuntura que justifica la creación, en ese mismo año, de la Dirección de Salubridad, bajo el gobierno de Miguel Candamo. La burguesía en el poder que tenía como base econó­mica la producción capita­lista de algunos sectores agropecuarios ubicados fundamentalmente en la costa del país (azúcar, algodón, lana) y que exportaba mediante acuerdo con los inversionistas ex­tranjeros, poseía en el momento de la creación de la Dirección aludida, clara conciencia de la necesidad de hacer más efectiva las acciones sanitarias en los puertos, en la costa y en ciertas áreas productivas de la sierra para la protección de los intereses econó­micos que representaban y que para esto era indispensable la centra­liza­ción.

Sin embargo, las dificultades con que se estrella la Dirección de Salubridad peruana refleja las profundas contradicciones estruc­turales resultantes de la coexistencia de dos modos de producción en el país.[17]  La ineficacia de la Dirección para dirigir las acciones sanitarias a nivel local y la falta de un presupuesto adecuado, son indicadores de esta situación a la que se agrega en el período de 1908 a 1912, la llegada al poder de Leguía, que utiliza al Estado para favorecer a los grupos finan­cieros, nacionales e internaciona­les con los cuales tenía relaciones, promulgando leyes sobre presta­ción de servicios médicos a mineros y obreros del ferrocarril que permiten la expansión de los seguros priva­dos.[18]

Bolivia es el ejemplo más claro de la constante inestabilidad de los aparatos del Estado , como resultado de la lucha que se entabla en el mismo seno de la clase dominante. Así, la creación de la ley Nacional de Sanidad, de 1906, es derogada en 1910 y vuelta a poner en vigencia en 1915; en 1929, el Ejecutivo crea por tercera vez, la Dirección General de Sanidad, ignorando que estaba en plena vigencia la Ley de 1906.

La Dirección General de Sanidad se crea, por primera vez, bajo el gobierno de Ismael Montes (1904-1908 y 1914-1918) estando en el poder el partido que representaba los intereses de los grupos capi­talistas - surgidos de la producción de estaño -, con el fin de "velar por todo cuanto se refiere a la sanidad pública y a la defen­sa contra la importa­ción de enfermedades exóticas y contra las endoepidemias y enfermedades transmisibles o evitables".

Algunos diputados que representaban los sectores tradicionales se opusieron a la aprobación de esta ley considerándola "inconstitu­cional, porque afectaba a la autonomía municipal". Esta autonomía representaba la base del poder de los grupos precapitalistas.[19]

En Ecuador, los cambios de localización y funciones en los órganos estatales de sanidad revelan el mismo fenómeno señalado para Perú y Boli­via. Así en 1908 durante el gobierno liberal de Eloy Alfaro -representan­tes de los grupos agro exportadores ubicados en Guayaquil- se crea el Servicio de Sanidad Pública bajo el Ministerio del Inte­rior. El Dr. Bolívar Lloyd, un médico norteamericano del Servicio de Salud de los Estados Unidos y redactor de la ley, es designado direc­tor interino y se instala en Guayaquil, cuyo puerto era el centro de interés de los capita­les norteamericanos y coste­ños.[20]

La revolución de julio de 1915 que lleva al poder a los grupos de terratenientes de la sierra, inicia una serie de medidas dirigi­das contra el grupo agro exportador de la costa. La organización sanitaria sufre las consecuencias de este cambio, y es así como, en 1925, se crea el Ministe­rio de Previsión Social, que incluye los ramos de trabajo, sanidad y asistencia social.

La sanidad se reorganiza en dos distritos, norte y sur, creándose un Consejo Superior de Sanidad instalado en Quito. En 1937, en un momento que se observa un repunte de las exportaciones de la produc­ción costera, la Dirección de Sanidad vuelve a ser trasladada a Guayaquil. Los cambios de localidad, de organización y de activida­des, en el poder sanitario, reflejan la relación de fuerza existen­te, dentro del Estado, entre los capitalistas de la costa y los terratenientes feudales de la sierra.[21]

En el campo de la sanidad, la segunda década del siglo XIX represen­ta, para los países de América Latina, una intensificación de las presio­nes de Estados Unidos por la limpieza de los puertos, interrumpida por la Primera Guerra Mundial. La fundación Rockefeller comienza sus actividades, en América Latina, orientadas a la sanidad terrestre en las zonas produc­tivas primario-exportadoras. La resis­tencia de los países del sur cede a medida que se afianza la hegemo­nía de los Estados Unidos en el continente (que se consolidará después de la Primera Guerra Mundial). En ésta década, un número considerable de países crean órganos estatales de sanidad: Venezue­la, México, Hondu­ras, Chile, Haití y Colombia. Honduras será anali­zado junto con los otros países centroamericanos: Haití, con Cuba y República Dominicana.            En 1911 Venezuela crea la Oficina de Sanidad Nacional, bajo el gobierno de Juan Vicente Gómez, que, también, en 1912 promulga la Ley de Sanidad Nacional. Con la ayuda de los mono­polios petroleros que habían derrocado a Cipriano Castro el general Gómez llega al poder y recibe la colaboración de la burguesía comer­cial caraqueña, con la que había adquirido vínculos siendo goberna­dor del Distrito. En 1900 se crea la Dirección de Higiene y Demogra­fía del Distrito Federal siendo gobernador Gómez y, en mayo de 1909, crea la Comisión de Higiene Pública, que sería el embrión de la Dirección de Sanidad Pública.[22]       

Al intensifi­carse el comercio internacional, la burguesía comercial fue el grupo más favorecido por las exportaciones petrole­ras; de aquí el interés en el saneamiento de los puertos, especial­mente el de La Guaira, que se lleva a cabo durante la dictadura de Gómez. La sanidad terrestre solo cobra importancia después de la Primera Guerra Mundial, con la llegada de la Junta Internacional de sanidad de la Rockefeller, hecho que coincide con la intensificación de la explotación petrolera, en la que el grupo Rocke­feller tuvo una participación importante.

 

En México, la centralización de los servicios de sanidad se realiza en forma gradual, con una serie de compromisos con los estados y munici­pios, que han dado lugar al actual sistema, en el cual se observan numero­sas superposiciones entre diferentes institu­ciones estatales. El Código de 1891, y la creación del Departamento, en 1917, son expresiones de este proceso de centralización, necesa­rio para intereses de la burguesía capitalista.[23]  Así, solo después de la Crea­ción del Departamento fue posible la limpieza del puerto de Veracruz, y la lucha contra ciertas enfermeda­des - como la fiebre amarilla - que retrasaban el comercio inter­na­cional. Sin embargo, el espacio adminis­trativo creado durante el porfi­ria­to permite el desarrollo de un grupo de intelectuales de la sanidad estatal que se entrelazan con los intereses imperialistas de Estados Unidos con quienes colaboran en su proyecto hegemónico. Liceaga, presiden­te del Consejo Superior, es la figura que ayudaría a los Estados Unidos en su propósito de crear la Oficina Sanitaria Panamericana a la que se oponían los países del Sur bajo la bandera del latinoamericanismo. [24] La revolución de 1910 rompe este vínculo con los Estados Unidos que es nuevamente establecido en la década de los 20.

 

En 1918 se promulga en Chile un Código Sanitario mediante el cual se crea la Dirección General de Sanidad, durante el gobierno de Sanfuentes y bajo la presión de los grupos sociales emergentes. [25] La creación de una Dirección General de Sanidad había sido una aspira­ción de una burguesía progresista desde comienzos de siglo, pero que no se había podido plasmar por la resistencia de latifun­distas y comercian­tes de la zona central, que impiden la centraliza­ción de la sanidad. En gran parte, este fenómeno puede explicarse por el con­texto en que se desarrolla el capitalismo chileno, que toma como base los fondos de la zona central, donde no existían formas preca­pitalistas arraigadas, adquiriendo un cierto dinamis­mo que posibili­ta el proyecto nacionalis­ta de Balmaceda, interrumpido por el ejér­cito. Los capitales monopóli­cos del salitre, en alianza con los latifundistas y comerciantes de la zona central, imponen un gobier­no parlamentarista que impide la centralización y apoya la autonomía munici­pal, base del poder de estos grupos. Es así, como la sanidad queda a nivel municipal, a pesar de las numerosas tentativas para centralizarla y los municipios de las ciudades más importantes, como Valparaiso y Santiago, son quienes han de realizar las obras de saneamiento requeridas para ampliar el comercio interno e interna­cional. Es cierto que el Estado nacional debe afrontar los fondos para algunas de estas obras, especial­mente para la sanidad de Valpa­raiso, pero el control de los mismos queda a nivel local. Por consi­guiente, la sanidad marítima no aparece como núcleo inicial de la sanidad estatal nacional, ya que ésta había sido encarada a nivel municipal y, por lo tanto, no requería de un esfuerzo nacional de cierta envergadura, como había sucedido en otros países de América Latina.

 

En Colombia, donde el desarrollo capitalista está constituido por la economía cafetalera, surge de la pequeña propiedad campesina en un contex­to donde predomina la producción precapitalista. La necesidad de tener una unidad estatal encargada de la sanidad se presenta con la posibilidad de la exportación  cafetalera, cuya comercialización crea una burguesía que hace alianza con el capital monopólico.[26] Es así como se observa la creación de la Dirección Nacional de Higiene, en 1918, bajo un gobierno conservador en el cual participaban los sectores ligados a la producción y comerciali­zación del café.[27]

 

4. LA SANIDAD ESTATAL EN PANAMÁ Y LOS PAÍSES DE CENTROAMÉRICA.

 

El surgimiento de la sanidad estatal en los países de Centroamérica y Panamá requiere de un análisis independiente, pues tesos presentan varias características que los diferencian del resto de los países latinoamerica­nos. Si, por ejemplo, fueron los últimos en América Latina -con la excep­ción de Honduras- en crear unidades administrativas estatales, encargadas de sanidad, la sanidad maríti­ma no constituye el centro sobre el cual se organiza la medicina estatal, y la influencia de organismos norteamerica­nos aparece como fundamental en el surgimiento y desarrollo de la medicina estatal. Este último aspecto contradice una de las tesis de este trabajo sobre el origen endógeno de las transformaciones del Estado, al asignar al imperialis­mo una influencia preponderante en los cambios de un sector de las mismas.

El retraso relativo de estos países en crear unidades estatales de sanidad, pareciera estar relacionado con el débil desarrollo de la produc­ción capitalista y, por consiguiente, de una burguesía que transformará el Estado. Las rencillas regionales o locales hicieron fracasar el proyecto de una nación centroamericana; al iniciarse el siglo estas rencillas seguían vivas dentro de cada uno de los países del área. Tal situación facilita la intervención imperialista de los Estados Unidos en los asuntos económicos y políticos, iniciada a fines del siglo XIX. La sanidad no escapa a esta situación, ya que la misma era instrumento fundamental para el desarrollo del comercio y de la producción agríco­la. El hecho de que la sanidad marítima, con la excepción del El Salvador, no constituyera preocupación fundamental del Estado y el que estos países en la realidad se comportan como "mediterráneos" - sin costas - pareciera estar relacionada con la situación de los puertos y vías de comunicación por donde salía la expor­tación. Estos se encon­traban localizados en áreas de propiedad de compa­ñías extranjeras - enclaves - donde el Estado nacional no intervenía, y donde las mismas compañías habían desarrollado sus propios órganos de sanidad y  asistencia. En el caso de Panamá, este territorio estaba bajo el control directo de los Estados Unidos, incluidas las ciudades-puertos que legalmente eran de responsabilidad de la República de Panamá.

En los países de la región, la participación de la Fundación Rockefe­ller, de la Oficina Sanitaria Panamericana, y de organismo estatales norteamericanos en el desarrollo de sus departamentos nacionales de sanidad pareciera proporcionar nuevas evidencias para la teoría de la dependencia en este campo. Sin embargo, un análisis más cuidadoso revela que la sanidad estatal a pesar de presiones e in­fluencias, surge sólo cuando la burguesía interesada en los aspectos de sanidad controla el aparato estatal. Estas burguesías capitalistas agrarias entran en alianza con el capital monopólico y colaboran con él, no sólo al a nivel nacional, sino también en el internacional (como sucede con el apoyo que estos países le prestan a Estados Unidos para lograr la hegemonía en la sanidad interamericana). La Organiza­ción Sanitaria Panamericana y el Servicio de Salud de los Estados Unidos, junto con el Departamento Médico de la United Fruit Company, mantienen relaciones entre sí en varios aspectos, tales como la utilización de los mismos expertos, e intercambios de experiencia y concepciones. Funcionalmente, existe a principios de siglo una divi­sión de trabajo y, de acuerdo con ella, la Fundación Rockefeller se ocupa de la sanidad terrestre en relación con la anquilostomiasis, malaria, fiebre amarilla, y de la organización de la sanidad lo­cal, mientras que la OSP se preocupa, fundamentalmente, de lograr un consenso sobre sanidad marítima, especialmente sobre la regulación de las cuarentenas.

 

La Comisión Sanitaria ROCKEFELLER se organiza en 1901, con el objeti­vo de erradicar la anquilostomiasis en el Sur de los Estados Unidos y, en junio de 1913, la Fundación crea la Comisión Internacio­nal de Salud con el fin de extender sus actividades en otros países. Durante la primera década de existencia de la Comisión Internacional el programa principal ha de ser la lucha contra la anquilostomiasis.[28]

El interés de Rockefeller por la filantropía internacional y, especí­ficamente por la lucha contra la anquilostomiasis, no estaba desligado de sus intereses económicos. Si bien Rockefeller había hecho su fortuna en la explotación petrolera en EEUU, sus intereses se amplían hacia el exterior en búsqueda de nuevos campos petroleros, en la distribución de sus produc­tos, y en la inversión de capital en varios sectores de la economía. Así, crea una configuración de produc­ción de materia prima, con capital comer­cial, que explica la selección de las zonas y países del mundo hacia donde dirige sus acciones filan­trópicas. Mientras la anquilostomiasis se encuen­tra, en los EEUU, dentro de las zonas de producción de algodón, en la América Latina está ligada a la producción cafetalera; en algunos países de Asia, al cau­cho, y  en Europa, a la explotación minera.

En América Latina, las actividades de la Fundación Rockefeller comienzan en los países del Caribe y Centro américa, dejando fuera a México - en plena revolución - cuando la Junta Internacional inicia sus acciones. La selección de esta área coincide con la política exterior de los EEUU en lo que se consideraba el "mare nostrum”, y que hoy día se llama "el tercer borde".

 

La Oficina Sanitaria Panamericana se crea en 1902 como un meca­nismo para que los EEUU pueda implantar ciertas medidas relativas a la sanidad marítima.

Los directivos del Servicio de Salud Pública y Hospitales de Marina de los EEUU tomaron parte activa en la planeación, creación y dirección de las actividades de la Oficina Sanitaria Panamericana. Desde su creación, hasta 1936, los directores de la Oficina fueron los cirujanos generales del Servicio de Salud Pública de los EEUU y a través de estos ejecutivos, los EEUU tratan de impulsar la creación, en América Latina, de unidades administrativas sanitarias con una relativa independencia del poder político nacional, pero ligados a los dictados de la Oficina Sanitaria Panamericana.

En las diversas conferencias panamericanas sanitarias se menciona la necesidad de la creación de unidades estatales y, en 1926, se convoca la Primera Reunión de Directores de Direcciones Nacionales de Sanidad. Es por intermedio de estas reuniones de Directores Naciona­les que se difunden muchas de las concepciones que los EEUU deseaba­n impo­ner en el campo de la sanidad. Al mismo tiempo, y con los mismos propósitos, se crea la posición de representante viajero, en 1929, siendo el primero el Dr. Long, que influye en el cambio de las organi­zaciones de salud en Chile, Panamá y Uruguay. El Dr. Long fue quien re­dacto el Código Sanitario Panamericano, aprobado por la Conferencia realizada en La Habana, en 1924; parte de sumisión fue la introducción de cambios en la estructura jurídica sanita­ria de los países de América Latina.

En 1917, siendo presidente de la República, el Dr. Francisco BER­TRAND, Honduras, se convierte en el primer país latinoamericano en crear una unidad estatal de sanidad, ala establecer la Dirección general de Sanidad. El Dr. BERTRAND, un médico interesado en los asuntos de sanidad (ya en su primera presidencia había demostrado interés en la medicina estatal), llega al poder con el auspicio de los EEUU. Sin embargo, la creación de la sanidad estatal aparece como un resultado de un interés personal, o a lo sumo, de u n reducido grupo que estaba aliado con el capital monopólico. La existencia de modos de producción precapitalistas poco desarrollados, y  la falta de la producción capitalista de un produc­to de importancia para la exporta­ción, lleva a un Estado débil y  abierto a la influencia externa. Esta situación se refleja en la inconsistencia que se observa entre las propuestas ambiciosas y las magras realizaciones del Estado, las que obviamente, también se dan en la sanidad estatal. Así, el Código de Sanidad que se había promulgado en 1910, sólo comienza a aplicarse en 1914 y de las 20 secciones en que se había organizado la Dirección sólo 11 llegaron a funcionar, aunque precariamente. Por otra parte la permanencia del Consejo de Salubridad, hasta 1920,constituye un obstáculo para el pleno desarrollo de la Dirección General, puesto que toda resolución debía pasar por este cuerpo que se reunía pocas otras, tres veces por semana.[29]

 

Honduras es el último país centroamericano que obtiene la ayuda de la Junta Internacional de Sanidad, la que llega sólo en 1922, para colaborar en la lucha contra la uncinariarisis, en el departamento que se crea para tales efectos. El retraso de este vínculo se explica, en Honduras, por el poco interés que tenía el capital monopolista, salvo en la producción bananera.

El aporte económico y  técnico de la Junta internacional de Sanidad representa una revitalización de la Dirección General, pero su influencia dará sus frutos en 1924,cuando se reorganiza en nueva secciones. La mayor parte de los fondos con que se contaba para la sanidad se dirigen, a partir de 1929 y  en la década de los 30, a promover acciones en las zonas bananeras. Los problemas que enfrenta el Estado hondureño, débil para llevar adelante sus intentos de "nacionalización de la sanidad" se expre­san claramente en el informe (1929) de la Dirección General: "la sanidad pública debe efectuarse en Honduras por tres entidades: El Estado, el municipio, y las grandes compañías extranjeras. Es manifiesta la deficien­cia de la contribución económica que aporta el estado, la que es adminis­trada directamente por esta oficina; sin embargo se ha creado y a esta contribución, se ha logrado sostenerla en lucha tenaz y constante contra la incompren­sión y la maldad. El año recién pasado quise que se consignara en la Ley  Municipal la obligación de que el Municipio contribuyera con un tanto por ciento proporcional de sus rentas a los trabajos sanitarios de su respectiva jurisdicción, no habiendo obtenido más que una avalancha de protestas e injurias. La compañía agrícola extranjera tiene obligaciones que no cumple hasta ahora figurando en primera línea el saneamiento de sus campos agrícolas".[30]

El caso hondureño ejemplifica las dificultades del Estado para centralizar la actividad sanitaria, cuando en el país no se ha dado una burguesía con una sólida base económica y  el enclave se constitu­ye en una fuerza fundamental.

En julio de 1920 se crea en El Salvador la Dirección General de Sanidad, dependiente del ministerio de gobernación y, en 1923, se crea la cartera de Sanidad y Beneficencia. Sin embargo, El Salvador ya contaba desde principio de siglo con instituciones estatales, desarrolladas de tal manera que, al crearse en 1920 la Dirección de Sanidad, existe personal idóneo y una infraestructura que permitiría una rápida expansión de las actividades sanitarias. El Consejo Superior de Salubridad se había creado a fines del siglo XIX, consolidándose en 1900 con la promulgación del Código Sanitario. En 1901 aparece el primer número del Boletín sanitario, que revela la existencia de un grupo de intelectuales de la medicina estatal, y en 1914, se reformula el Código Sanitario con el fin de incluir las recomendaciones aprobadas por las Conferencias Sanitarias internacio­nales de los Estados Americanos. A partir de 1914, las instituciones de sanidad estatales tienen un rápido desarrollo y presentan ciertas características, como el interés por la sanidad marítima, que las diferencian del resto de los países centroamericanos.[31]

En gran parte, el desarrollo de la sanidad estatal salvadoreña se explica por el desarrollo capitalista que había logrado en la producción cafetalera, la que genera una burguesía pujante y políticamente más fuerte que en Guatemala o Costa Rica. Así, entre 1915 y 1928, el valor de las exportaciones de café se triplican permitiendo un crecimiento de las actividades estatales cuyas rentas se duplican entre los quinquenios 1900-04 y 1920-24. A eso se agrega una dinastía de gobernantes, Melendez-Quiñones, que se mantienen en el poder de 1913 a 1927, dando continuidad a las acciones estatales.

La sanidad de los puertos había sido una preocupación de la burgue­sía salvadoreña, mayor que la que había manifestado la de los países vecinos, lo que se debía a que los  puertos principales eran de responsa­bilidad del Gobierno y no estaban, como en los otros países centroamerica­nos, ubicados en los enclaves.

El ofrecimiento de iniciar una campaña contra la uncinariasis, por parte de la Junta internacional de Sanidad, es aceptada rápidamente por el gobierno y para tales efectos crea, en 1916, un Departamento bajo el Consejo de Salubridad. Los gastos de la lucha contra la "enfermedad de la pereza", que interesaba a la burguesía cafetalera, son absorbidos en poco tiempo por el Estado.

La influencia de la Junta de Sanidad Internacional en la creación de la sanidad estatal es tangencial, como lo reconoce la misma Junta en su informe anual de 1921: "El Salvador ha tenido por muchos años un organiza­ción nacional de salud. Durante el presente año el gobierno lo ha reorga­nizado para lograr una acción más agresiva en el campo. El nuevo esquema coordina bajo un control central los varios servicios médicos gubernamen­tales; proporciona locales nuevos y más adecuados; crea un laboratorio de salud publica; toma a su cargo el control de la uncinariasis y fija un presupuesto anual de 170000 colones además de dar 26000 colones para el control de las uncinariasis y la mitad de los fondos para la lucha contra la fiebre amarilla". [32]

 

En Costa Rica, la creación de la Subsecretaría de Higiene y Salud Pública, en 1922, se hace con la activa participación de la Fundación Rockefeller, que ya en 1914 había iniciado la lucha contra la anquilosto­miasis[33]. Sin embargo cuando la Fundación Rockefeller ofrece sus servicios ya existe en Costa Rica un núcleo de políticos y médicos que tienen la conciencia del significado económico de la lucha. Este núcleo se había desarrollado sobre la base de la producción cafetalera, que en Costa Rica presenta características diferentes a las de El Salvador y Guatemala. En efecto, tal producción cafetalera se inicia en la pequeña propiedad, y sólo posteriormente pasa a depender de los garantes cafetaleros que tienen a su cargo, además el beneficio del café. Es así como crece una burguesía cafetalera que, si bien no adquiere un desarrollo como la del El Salvador, logra un cierto control del Estado que utiliza para beneficio de su clase y del capital monopólico con el que se articula. Así, durante el gobierno de José Joaquín RODRIGUEZ (1889-1896) se decida sanear el puerto Limón, presentándose como una tarea nacional, cuyo contrato es adjudicado a Mr. KEIT, en 1892. En esta época era secretario de policía, cartera encargada de los problemas de sanidad, el Dr. Juan J. ULLOA, médico formado en los EEUU que ha de representar a Costa Rica en las primeras conferencias sanitarias internacionales de los Estados Americanos, constituyéndose, junto con el mexicano LICEAGA, en el apoyo más importante para que se aceite la posición norteamericana en dicho organismo. Ulloa, que tenía vínculos con el capital  monopólico, en 1895 había impulsado la creación del Instituto Nacional de Higiene, que constaba de un departamento de bacte­riología y uno de química.[34]

La existencia de un Estado todavía débil a comienzos de siglo permite la influencia abierta de las grandes compañías y retrasa un desarrollo pleno de la sanidad estatal. A partir de la creación del Instituto Nacio­nal de Higiene se inicia un proceso para que lo s agricultores tomen conciencia de la importancia de la sanidad en la producción cafetalera. El símbolo de esta vinculación de la medicina con la economía es la lucha contra la anquilostomiasis, iniciada en Puerto Rico a fines del siglo XIX, y que los sanitaristas costarricenses conocían a través de sus relaciones con los EEUU. El discurso pronunciado en 1907, a la Sociedad Nacional de Agricultura por el Dr. Mauro Fernández, es un buen ejemplo de esta labor concientizadora de la pequeña burguesía ligada a la producción cafetale­ra: " ya que la agricultura toma tanto incremento, bueno es que se sepa que un número inmenso de los brazos de la Republica son brazos sin fuerza, agotados por una enfermedad que es la peor demora para la prosperidad de nuestro país y para la conservación de nuestra raza. Yo considero el "cansancio"(anquilostomiasis) como el peor enemigo de la agricultura y creo que es de inminente necesidad poner todas nuestras fuerzas para ayudar a agotar ese mal".[35]  Los resultados de esta prédica se hacen ver en la campaña que se inicia en 1911 contra la uncinariasis, en la Secretaría de Policía, y que tiene a los Médicos del Pueblo como base ejecutiva.

Al iniciarse las actividades de la Fundación Rockefeller, en 1914, ya existía un ambiente favorable que permite la rápida creación del Departa­mento de Anquilostomiasis bajo la Secretaria de Policía en 1915, y el Departamento Sanitario Escolar en la Secretaría de Instrucción Pública en 1914, que han de ser los núcleos sobre los cuales se ha de crear la Subse­cretaria de Higiene y Salud Pública durante el gobierno de Julio ACOSTA GARCIA. El papel de la Fundación Rockefeller parece haber sido importante en la creación de la Subsecretaría y no estaba desvinculada de los intere­ses económicos del grupo Rockefeller. ACOSTA GARCIA contaba con el apoyo de EEUU, al cual había dado muestras de colaboración al propiciar la anulación de las concesiones petroleras que el gobierno de Tinoco le había dado a los ingleses y que beneficiaba especialmente a la Standard Oil Company perteneciente al grupo Rockefeller. También, este grupo económico tenia íntimas relaciones con la United Fruits Company, como se demuestra por la presión que en conjunto realizaran para indicar a que 45 municipa­lidades solicitaran al gobierno de ACOSTA GARCIA presentara una ley de propiedad privada del subsuelo. [36] La comunidad de intereses entre el capi­tal monopólico y la burguesía cafetalera se manifiesta claramente cuando el representante de Costa Rica en la conferencia sobre problemas de salud en América Latina, organizada por la United Fruits Company, propone que la United Fruits Company trabaja especialmente por el progreso nacio­nal, interesándose fuertemente por la creación de oficinas de cuidado sanitario para los nativos.[37]

En marzo de 1925 Nicaragua crea el Departamento Nacional de Salubri­dad Pública como un organismo dependiente del Ministerio de Policía, y el 8.7.925 se organiza, nombrándose al Dr. Luis Manuel DEBAYLE como Director General de Sanidad.[38]  La creación del Departamento de Salubridad se produce en la coyuntura política denominada "gobierno de transición" (coalición entre conservadores y liberales), destinado a restablecer el "orden" en Nicaragua y, de esa forma, posibilitar el retiro de la marine­ría norte­americana, en territorio nicaragüense desde agosto de 1912.

La Fundación Rockefeller, que ha de jugar un papel central en la creación del Departamento Nacional de Salubridad, inicia sus actividades en Nicaragua en 1915, durante el gobierno conservador de DIAZ. El grupo conservador estaba integrado por ganaderos-comerciantes con un interés limitado en el desarrollo capitalista de sus actividades y, por lo tanto, en los asuntos de sanidad, pero que tenían el apoyo de EEUU interesado en mantener un gobierno leal que garantizara l a construcción de un canal interoceánico.[39]

Las presiones de EEUU, logran que se acepta el ofrecimiento de la Fundación Rockefeller, y que por decreto presidencia se inaugure el Departamento de Uncinariasis, dirigido por el Dr. Malloy, representante de dicha fundación. Las actividades de este Departamento han de beneficiar a los grupos en el poder ya que los trabajos se inician en la plantación de azúcar " San Antonio" la mayor de Centroamérica que formaba parte de la "Nicaragua Sugar States Limited", exportadora de azúcar y productora de alcohol y licores, integrada financieramente al grupo conservador.

El Departamento de Uncinariasish a de constituir el núcleo que dará origen al Departamento Nacional, desde donde la F. Rockefeller ha de ejercer presión para que dicho proyecto se concrete. Sin embargo, las presiones no fueron suficientes y será necesario la coyuntura del gobier­no de transición con la participación de los liberales para que se esta­blezca el Departamento Nacional. Eran los grupos liberales que representa­ban a los productores cafetaleros quienes mayor interés tenían en que el Estado centralizara las actividades sanitarias. Las dificultades que la Fundación encuentra en el grupo conservador se revelan en el informe del Departamento de Uncinariasis de 1022-23: " En Nicaragua existe una Direc­ción General de Comunicaciones, una Dirección General de Renta, y otras más encargadas de la Dirección del Gobierno en su ramo; pero no existe una ofician o una dirección encargada de velar por la salud del pueblo nicaragüense. Los consejos de Salubridad con cuerpos consultivos en materia de higiene; falta el cuerpo ejecutivo que en unos países es un ministerio o una subsecretaría y en otros una dirección general". El mencionado informe también expresa una velada amenaza cuando dice: " Al cerrar este informe, queremos llamar la atención del Gobierno otra vez de que la F. Rockefeller está dispuesta a seguir auxiliando a los trabajos de salubridad pública en el país, con tal que se establezca un servicio nacional de salubridad pública por medio del cual pueda colaborar en la extensión de sus trabajos".[40]

El 8/9/925, Guatemala crea la Dirección General de Salubridad Pública   se suprime el Consejo Superior de Salubridad, creado en 1906. La incorpo­ración de la sanidad a las actividades estatales constituye un largo proceso que se inicia durante la dictadura de ESTRADA CABRERA con el Código Orgánico del Servicio de Salubridad Pública, promulgado en 1906. Estrada Cabrera, liberal y representante de los grupos cafetaleros, llega al poder en 1898 y l o mantiene a través de sucesivas reelecciones hasta 1920.

La promulgación del Código de 1906 fue el resultado de la presión ejercita por los EEUU a través de la Oficina Sanitaria Panamericana, que intentaba eliminar los focos epidémicos de los puertos del Caribe. Los grupos cafetaleros no tenían un interés especial en la limpieza de los puertos que estaban en territorio de enclaves bananeros e hicieron muy poco para que se cumplieran las disposiciones del Código, que incluía las prescripciones de la Convención Sanitaria de Washington (1905). Esta falta de cumplimiento motiva "regaños" de EEUU, como los que hace en la Cuarta Conferencia Sanitaria Internacional que se celebra en San José en 1910.[41]

La oferta de la F. Rockefeller, de realizar programas de lucha contra la anquilostomiasis, tuvo una recepción  diferente, ya que este tipo de acción tenía mayor importancia para los grupos cafetaleros en el poder; es así como en 1915 se crea el Departamento de Uncinariasis en el Consejo Superior de Salubridad. La posibilidad de aumentar la productivi­dad del obrero durante la jornada de trabajo fue Bienvenida por los productores cafetaleros y así lo confirma el informe de la Junta Interna­cional de 1925: "Las autoridades locales y las plantaciones de café han ayudado materialmente a la campaña."[42]

Sin embargo, la creación de la Direcccíon tuvo que esperar hasta el gobierno de ORELLANA (1921-1926), que tenía mayores vínculos con el capital monopólico.

En lo que a sanidad estatal se refiere, Panamá es el caso extremo de dependencia, reflejo de la situación general del país; pero aún en estas circunstancias, la centralización de los servicios de sanidad sólo se plasman cuando la burguesía capitalista controla el Estado.

La producción de azúcar, la ganadería y el negocio de las importa­ciones constituían alguna de las bases sobre la que surge la burguesía panameña, aunque dividida por conflictos de intereses.[43] La existencia de varios grupos en que ninguno adquiere un papel dominante debilita el desarrollo  del Estado - escenario de frecuentes rencillas durante la primera década de vida independiente. La sanidad, instrumento fundamental para la construcción del Canal queda bajo la jurisdicción de EEUU no sólo para la Zona del Canal, sino también para las ciudades-puertos adyacentes.

 

La República de Panamá, según el tratado sobre el Canal, acuerda que el saneamiento de las ciudades de Panamá y Colón deberían ser dirigidas por los oficiales sanitarios de la Comisión del istmo. El Director del Departamento de Salud Pública todavía se quejaba en 1948 de esta situa­ción: " Existe desde la época de nuestra independencia (1903) un serio problema político cuya solución se impone. Se trata de la presencia, en la Capital y en la segunda ciudad de la República, de autoridades sanitarias extranjeras que no dependen de nuestro gobierno. Recién fundado, en 1926, el Departamento de Salud Pública comencé a agitarme en el sentido de conseguir que los dos países llegasen a un acuerdo por medio del cual las oficinas de sanidad de Panamá y Colón, pasasen a manos panameñas".[44]

En Panamá, la creación de la Sanidad estatal se retrasa por la amputación que sufre de la soberanía sobre la sanidad de sus principales puertos y ciudades, hecho reconocido por la F. Rockefeller, la que en 1921 expresa: " En Panamá, donde el desarrollo de la iniciativa local ha sido paralizada por la política paternalista de la Zona del Canal, se tiene bajo consideración la constitución de un departamento de Sanidad que responda al propósito".[45]

El Gobierno de Belisario PORRAS (1912-1916 Y 1920-1924) constituye un período de acuerdo entre los diferentes sectores de la burguesía y de negociación entre este frente unido y los EEUU. Es así como llega abundan­te capital norteamericano y se consolida el control extranjero de varias empresas importantes de servicio público y, también se acepta la invita­ción de la F. Rockefeller, para la cual, en 1915, se crea un Departamento de Obras Públicas. El grupo Rockefeller, a través del National City Bank

se convierte en este período en una de las fuerzas financieras más impor­tantes en Panamá.[46]

En 1925, finalmente, bajo la presidencia de Rodolfo CHIARI (1924-1928) se crea el Departamento Nacional de Higiene y Salubridad Pública, adscrita a la Secretaría de Agricultura y  Obras Públicas, con dos seccio­nes: Uncinariasis y Puericultura e Higiene Escolar. El presidente CHARI pertenecía a una familia que tenía importantes inversiones en la produc­ción agrícola y representaba a la burguesía capitalista más progresista que veía en la sanidad, y especialmente en la lucha contra la anquilosto­miasis, resultados prometedores para la elevación de su s ganancias. Bajo el sugestivo título de: "las campañas antiuncinariasis estimulan la crea­ción de un departamento de sanidad", la F. Rockefeller informa sobre la creación del Departamento Nacional, en la que tuvo una importante partici­pación. Sin embargo, la creación y, especialmente el desarrollo de la sanidad, no habría sido posible sin la existencia de una burguesía capita­lista que la hiciera suya, por considerarla ventajosa para su clase. No existían contradicciones entre lo s intereses de la burguesía panameña y el capital monopólico; por el contrario, se complementaban y unían esfuer­zos para subyugar los remanentes de la producción precapitalista.



 [2] MARX, Carlos: " El Capital" Tomo I, Vol 2, Sección V, Cap. XIV, pág. 617. Siglo XXI, México 1975

 [3] MARX, Carlos: op. cit., Tomo I, Vol. 2 Secc. V, Cap XIII, p.508

 [4] VENEGAS RAMÍREZ, Carmen: "Régimen Hospitalario para indios en la Nueva España". Instituto Nacional de Antropología e Historia. México, 1973

   [5] CIESU:"          Notas sobre la evolución de los servicios de salud en el Uruguay". (mimeografiado), Montevideo 1978

  [6] En el análisis de la implantación del capitalismo en América Latina se utilizará el enfoque propuesto por Agustín CUEVA en su libro " El desarrollo del capitalismo en América Latina". Siglo XXI, México,1979.

 [7] Por decreto del 14 de febrero de 1880, el Congreso había creado, en el inciso 13 del presupuesto de Marina, un Departamento de Higiene, cuya organización y atribuciones son establecidas por Roca el 31/12/880. En 1882, el Poder Ejecutivo dicta un Decreto organizando el Departamento. En  1884 se crea la Junta Central de Lazxaretos como entidad autónoma del Departamento Nacional y estaba destinada a organizar los lugares de cuarentena. En 1888 la Junta Central de Lazaretos es incorporada al Departamento de Higiene en un intento de unificar las acciones en campo de la sanidad marítima.

 [8]  La importancia que el Departamento Nacional de Higiene le asigna a la presencia de un médico oficial en los barcos de pasajeros revela que la preocupación por la sanidad marítima no estaba dada exclusivamente por el retraso de las mercancías. La intranquilidad por los focos de fiebre amarilla en Río y Santos se debía a que eran los puertos que tocaban los barcos con inmigrantes antes de llegar a Buenos Aires. Por otra parte, el gobierno de Italia se había opuesto en varias ocasiones al envío de inmigrantes a Brasil en vista de las condiciones de los dos puertos de entrada. En una contribución presentada  por el doctor Luis AGOTE a la primera reunión del Congreso Científico Latinoamericano, celebrada en Buenos Aires en 1898, expresaba lo siguiente: "El hecho de ser nuestro país una nación de inmigración, constituye, bajo el punto de vista sanitario, uno de los problemas más difíciles de vencer. Es necesario conocer lo que es un transporte de inmigrantes, y las malas condiciones higiénicas en que viajan  lo s infelices, para poder darse cuenta del peligro que encierran para la salud pública". L.AGOTE " Defensa sanitaria marítima contra las enfermedades exóticas viajeras", en Primera Reunión del Congreso Científico Latino­americano, I Organización y Resultados Generales del Congreso. Bs.As. 1898.

[9] Argentina contaba con una gran variedad de productos que interesaban al mercado europeo. Para 1890 la exportación de trigo sobrepasaba los productos que habían predominado inicialmente como el cuero y la lana y esto lleva a un cambio en las zona productivas y en consecuencia en los puertos y  ciudades. Ricardo Ortiz, en su libro "Historia Económica de la Argentina, 1850-1930, Bs.As., 1955,  presenta el siguiente cuadro que indica los cambios comentados.

ARGENTINA: EXPORTANCIóN SEGÚN PUERTO DE SALIDA (porcentajes)

                Bs. Aires                Rosario     B.Blanca                Santa Fe                La Plata

1830        68,3                         10,5               4,0                          0                              0

1899        54,5                         18,4              7,0                          2,6                          2,3

 [10] Argentina organiza la primera reunión del Congreso Científico Latinoamericano (realizado en Bs.As., en 1898) y tiene un papel destacado en la segunda reunión (celebrada en Montevideo en 1901), y  la tercera (realizada en Río de Janeiro, en 1905).También juega papel decisivo en la organización de los Congresos Médicos Latinoamericanos realizados en Chile en 1901, Buenos Aires en 1904, en Montevideo en 1907, y en Río de Janeiro en 1909. Figura sobresaliente en estos congresos es el argentino doctor Emilio CONI, cuya posición crítica frente al panamericanismo, sustentado por Estados Unidos, se desprende del siguiente párrafo:" Para los Estados Unidos el panamericanismo resulta en extremo ventajoso, puesto que, siendo los más ricos, los más poderosos, se asignarían, como vulgarmente se dice, la parte del león. Washington vendría a ser una especie de oficina supervisora de toda la vida americana; los negociantes yanquis sacarían la tripa de mal año apoderándose, con grave detrimento de la Europa, de los principales mercados de la América Española; esto acrecentaría su influencia en el continente hasta hacer la casi omnímoda". Emilio R. CONI. "Memoria de un Médico Higienista" Bs. As. 1918.

Argentina también se resistió a la creación de la Oficina Sanitaria Panamericana y no participó en las conferencias sanitarias hasta 1911.

 [11] La unificación de los servicios de sanidad se logra con la creación del Consejo Nacional de Higiene estuvo precedida por conflictos jurisdiccionales entre la Junta de Sanidad y  el Consejo de Higiene Pública. En Consejo de Higiene Pública había sido creado en 1830, asignándole el ejercicio de las funciones que antes desempeñaba el Protomedicato; las atribuciones de este Consejo fueron extendiéndose por sucesivos decretos gubernativos.

La Junta de Sanidad fue creada por Ley del año 1838 y sus atribuciones eran las de vigilancia e inspección de la navegación que arribaba a los puertos del Uruguay y tenía bajo su  dirección el local del Lazareto. El Consejo era una corporación deliberante y  consultiva; la Junta era deliberante y ejecutiva a la vez.

En 1893 el Consejo de Higiene Pública presenta un proyecto al poder legislativo para fundir en un solo cuerpo esa institución y la Junta de Sanidad. Cuando el proyecto comenzó a tramitarse en la Cámara de Representantes, el doctor Brusco (Médico del Lazareto) escribió en el periódico El Siglo, criticando el proyecto. Brusco creía que la nueva organización debería ser similar al Departamento de Higiene Argentino, el que preveía dos ramas: una administrativa-ejecutiva otra consultiva-deliberativa. La intervención de Brusco motivo que el Parlamento suspendiera el tratamiento del proyecto. En 1895 el Ministro de Gobierno envía al Parlamento un nuevo proyecto que genera una nueva polémica entre Brusco  y  el presidente del Consejo de Higiene Pública. La Cámara de Representantes, tomando en cuenta las observaciones de Brusco y Canabal, introduce modificaciones al proyecto que es aprobado por el senado y promulgado el 31/10/1895.

Doctor Luis D. BRUSCO,"Contribuciones al Estudio de la Ley de Creación del Consejo Nacional de Higiene", imp. el Siglo Ilustrado, Montevideo 1919. Doctor Julio ETCHEPARE:"Orígenes, Organización actual y Servicios Sanitarios del Consejo Nacional de Higiene del Uruguay. Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana, Año 6, N 1, enero de 1927.

 [12] El decreto 1558 del 7/10/1893, firmado por Floriano PEIXOTO que establecía que la carne de xarque, entre otros artículos, eran:" sospechosos o susceptibles de retener o transmitir contagio", provocó una serie de reclamacio­nes por los inconvenientes que provocaba al comercio internacional. El ministro brasileño del exterior convocó una conferencia en 1895 con representes diplomático de Francia, Argentina, Alemania, Inglaterra, Uruguay, Italia y  los representantes de las principales compañías de vapores transatlánticos. Las presiones internacionales unidas a los intereses de la burguesía cafetalera logran en ese mismo año levantar las restricciones impuestas por el decreto de 1893. "Directoría Gral. de Saude Pública. Os Servicios de Saúde Pública no Brasil da 1803 a 1907." Imprenta Nacional. Río de Janeiro 1909.

 [13] La burguesía brasileña tenía clara conciencia de la necesidad de centralizar los servicios para sanear los puertos desde los inicios de la República, pero le era difícil lograrlo frente a la resistencia del poder local. La "desmunicipalizaçao dos servicios de hygiene" como se llamó a este proceso había sido planteado en 1895 por el Ministro do Interior al Presidente de la República en los siguientes términos: " A prática da adminsitraçao ten-me convencido da grande conveniencia que resultaría da unificaçao e centralisñao dos servicios de hygiene pública o régimen unitario impoe-se; quasi todos os paízes contabilizados teem comprenhndido essa verdade e  procuran unificar e centralizar seus servicos sanitarios". Fuente: ibídem anterior

 [14] Fuente: ibídem nota N 11. Relatorio apresentado pelo Dr.Oswaldo GONçALVEZ CRUZ. Imprensa Nacional, Río de Janeiro,1906.

 [15] La coyuntura que permite la creación del consejo nacional es la introducción de la peste bubónica en Asunción en el año 1899. El Departamento de Higiene de Argentina envió una misión médica para establecer el diagnóstico e influyó para que el Consejo creara una sección de desinfeccion y desratización. "Informe sintético de la labor realizada por la Dirección General del Depar­tamento Nacional de Higiene y Asistencia Pública de la República de Paraguay para la Novena Conferencia Sanitaria Panamericana". Rep. de Paraguay, 1934.

  [16] Doctor Andrés GUBETICH,: " Origen, Organización actual y servicios sanitarios del Departamento Nacional de Higiene y Asistencia Pública del Paraguay." Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana, Año 6 N 8, Agosto 1927.

  17] La idea de crear un Ministerio de Salud Pública fue considerada desde 1903. Así el ministro de Fomento, en el Oficio al Congreso de 1903 en que solicitaba la creación de la Dirección de Salubridad, expresa lo siguiente: " Y, sin embargo, no se considera alcanzado aún el desideratum de la organización sanitaria moderna, que exige para ser completa, según la opinión de respetables instituciones científicas de Europa y Estados Unidos de Norteamérica, la creación de un Ministerio de Salud Pública", citado en doctor Abel S. OLAECHEA:"Situación de la Sanidad y  de la Asistencia en el Perú". San Martí & Cia, Impresores, Lima,1933.

 [18] LEGüíA tenía relaciones con el capital financiero internacional y había sido gerente general para Ecuador, Perú, y Bolivia de la New York Life Insurance Company que pertenecía al grupo Morgan. Más tarde organizó y dirigió la Sud Americana Insurance Company en Perú.

 [19] Las dificultades de la Dirección general de Sanidad comenzaron desde el momento mismo de su creación. El Director General debía nombrarse de una lista de ocho profesionales, propuestos por cada cuerpo médico departamen­tal. Ante la disparidad de criterios el gobierno contrató un especialista en el extranjero, el doctor Adolfo TREUTLEIN, que fracasó en su misión y tuvo que renunciar. Para reemplazar a TREUTLEIN se nombró a Manuel ORELLAR, quien también renunció a los pocos meses dejando vacante el cargo hasta que se derogó la Ley. Juan Manuel BALCá­ZAR:"Historia de la medicina en Bolivia". Ediciones "Juventud", La Paz, 1956.

 [20] En 1904 el doctor Bolívar J. LLOYD fue enviado al consulado de los Estados Unidos en el Callao, Perú, debido al brote de plaga en Lima y  Callao. La responsabilidad de Lloyd en el Callao era tratar de prevenir plaga, viruela y  otras enfermedades que podrían llevar los barcos a la zona del Canal y a los Estados Unidos. La aparición de la fiebre amarilla en Guayaquil, Ecuador, hizo que OID fuera transferido en 1906 al consulado de los Estados Unidos en dicha ciudad. Nuevamente, su misión era evitar que la fiebre amarilla se propagara la zona del Canal.

Ralph Chester WILLIAMS:"The United States Public Healt Service, 1798-1950, Commissioned Officers Association of the United States Public Healt Service, Washington,1951.

 [21] Juan José SAMANIEGO:"Cronología médica ecuatoriana". Editorial Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1957; Leónidas Plaza GUTIÉRREZ:" Ley de Sanidad Pública con sus reformas". Librería e imprenta Garay, Guayaquil 1920.

Isidro AYORA:"Ley  de Sanidad Pública, expedida en 1926". Librería e Imprenta Garay , Guayaquil, 1927.

 [22] Personaje importante en la creación de la Dirección fue el Dr. Luis RAZETTI, relacionado con la burguesía comercial caraqueña. RAZETTI junto con RIZQUEZ se entrevistaron con el General Juan V. GOMEZ antes de tomar posesión como Gobernador del Distrito. GOMEZ, nombró director de la Dirección de Higiene del Distrito Federal a RIZQUEZ e inspector general de los hospitales a RAZETTI. éste actuó de Secretario de la Comisión de Higiene Pública durante la presidencia de GOMEZ. Ricardo ARCHILA: En: " Luis RAZETTI", Imprenta Nacional, Caracas, 1952. Francisco Antonio RIZQUEZ,:En " Biografía del Dr. Luis RAZZETTI, Imprenta Nacional, Caracas 1936

 [23] José ALVAREZ AMEZQUITA y otros: En:"Historia de la salubridad y de la asistencia en México", Secretaria de Salubridad y Asistencia, Tomo I y  II, México,1960.

 [24] Liceaga estaba relacionado con los grupos médicos de EEUU y fue quien presentó un proyecto sobre sanidad marítima en le II Congreso de Estados Americano, realizado en México en 1902. Liceaga fue miembro de la comisión que redactó el informe y se prestó a las maniobras de la delegación de los EEUU para desarmar la resistencia que presentaba Argentina.

 [25]  En ese mismo año se presentó en la Cámara de Diputados un tercer proyecto que fue el que obtuvo la aprobación del Poder Legislativo en 1918, dando con esto cumplimiento al un acuerdo de la Conferencia Sanitaria de México de 1907, que había ratificado Chile. Herman Muñoz SEGURA: En:"Organización Sanitaria, de las atribuciones sanitarias de las Municipalidades." Imprenta El Esfuerzo, Ago. de Chile 1934." Higiene Pública en Chile". Imprenta Cervantes, Ago. de Chile, 1908.

 [26] Las relaciones de la burguesía con el capital monopólico en el campo de la sanidad se evidencian por los contactos del grupo cafetalero con la Fundación Rockefeller. Según la memoria de 1924 del Ministerio de Instrucción y Salubridad Pública, un grupo de médicos llevaron al gobierno el convencimiento de la necesidad nacional de tomar medidas contra la perdía de vidas humanas y de riqueza ocasionadas por la anemia tropical. Años después, el gobierno nacional, con intervención del Ministerio de Agricultura y Comercio, a cargo entonces de don Jesús del CORRAL, entró en relaciones con la Oficina Internacional de Sanidad de la F. Rockefeller y arregló con ella en 1920 un convenio". En":Memoria del Ministerio de Instrucción y Salubridad Públicas al Congreso de 1924, Imprenta Nacional, Bogotá, 1924.

 [27] En 1887 se había creado una Junta Central de Higiene que estuvo en funcionamiento hasta 1918. La Ley 32 de 1918 suprimía las Juntas tanto la central como los departamentales, a fin de establecer una Dirección unitaria. Las resoluciones de la Dirección Nacional de Higiene eran actos oficiales obligatorios, que no estaban sujetos a la aprobación de ninguna autoridad. En:"Informe del Director Jefe del Departamento Nacional de Higiene y Asistencia Pública, Imprenta Nacional, Bogotá, 1931. Pablo GARCIA Medina, "La organización sanitaria en Colombia". Boletín de la Oficina Sanitaria Pamericana Año 6, N 1  enero 1927.

  [28]  The Rockefeller Fundation, Internacional Healt board, Annual Report (1913 to  1930) New York,

 [29] ANTONIO Vidal M,: En "Informe General sobre sanidad pública en la República de Honduras." Boletín Sanitario, Año III, N 11 y 12; 15/6/1929, Tegucigalpa.

 [30]  Antonio VIDAL M,: os Cid, Año IV, N 13 y 14 ; 15/1/930, T4egucigalpa.

 [31]  Boletín Sanitario, Aros. del Año 1901 al 1922, El Salvador.

 [32] The Rockefeller Foundatios, Internacional Healt Board, Eighth Annual Report, Juanuary 1921, decembre 1921, New Y ork, januari 1922.

 [33] The Rockefeller Foundation, International Health Board, First Annual Report, June 1913, decembre 1914, NY., januari 1915.

 [34]  Carlos María CAMPOS JIMENEZ: En " Notas sobre el desarrollo de la Asistencia Médica en Costa Rica, Tiempo Actual, Año  11, N 5, San José, agosto 1977.

Minam Andría PANIAGUA: La realidad médico sanitaria costarricense a la luz de su legislación, tesis de Grado Universidad de Costa Rica, 1972.

  [35]  Mauro FERNANDEZ: En "La anquilostomiasis y la Agricultura". Imprenta de Avelino Alsina, San José, Costa Rica,1907.

 [36]  Costa en: Informe del Encargado en Costa Rica (Martín) al Secretario de Estado. The Departament of State, Papers relating to the Foreign Relkations of EEUU, 1920, Vol 1, Government Printing Office, Whashington, CC, 1935.

 [37] traducido de Luciano BEECHE: En " Tropical Desease of Costa Rica". En Proccedins of International Conferencie on Health Problem s in Tropical America, United Fruist Company, BostoN, 1924.

 [38]  El Dr. Luis M.BAYLE, de origen francés, se había relacionado por matrimonio a una familia aristocrática nicaragüense. Anastasio SOMOZA GARCIA se casó con la hija del Dr. BAYLE, quien lo apoya en sus negocios y le consigue un trabajo como inspector de las letrinas en el programa de lucha contra la Uncinariasis de la F. Rockefeller. Cuando A. SOMOZA se hace cargo de la presidencia en 1937, una de sus primeras acciones es suprimir la cartera de Higiene y crea la Dirección General de Sanidad dependiendo directamente de la presidencia de la República y bajo la dirección de Luis M. BAYLE.

 [39]  Jaime WHEELOCK. En:"Imperialismo y  Dictadura". siglo xxi, 1975.

 [40]  Informe Anual del Departamento de Uncinariasis, Tip., Nacional, Managua, 1924.

 [41] Actas de la IV Conferencia Sanitaria Internacional de las Republicas Americanas, San José, Costa Rica, 1910. Publicadas bajo los auspicios de la Unión Panamericana, Washington, DCR. 1910.

  [42] La F. Rockefeller, Junta de Sanidad Internacional, décimo segundo informe anual, enero 1925, N York, 1926.

 [43]  Los intereses económicos de la burguesía panameña eran grandes en términos individuales o familiares pero carecían de un impacto nacional. La fortuna de la familia CIARI se basará en la producción de azúcar, pero los de la familia BOYD en la ganadería.

 [44]  En el tratado de 1926, proclamado en diciembre de 1931, el control sanitario por parte de EEUYU sobre las ciudades de Panamá y Colón fue consolidado y se ex tendió para cubrir cualquier parte de la República amenazada por una epidemia. En:"In­forme bienal del director del Departamento de Salud Pública al Ministerio de Trabajo, Previsión Social y Salud Pública, 1946-1958.", R. de Panamá.

 [45] The Rockefeller Fondation, International Health Board, Eigth Annual Report, Jaunari 1921-December 1921, N. York, Nanuary 1922.

  [46]  William D. McCain: "The United States and the Republic of Panama" .Duke University, Press, 1937.