Textos para comisiones 26, 32 y 36

A las consignas ya fijadas deben agregar la confección de las “Plantas”.

Debe realizarse una planta por decorado (colocando posición de cámara y personajes, así como indicando los movimientos de ellos y de cámara en caso de existir). No debe dibujarse una planta por toma.

 

Texto para realizar un Story-Board 1

 

Fragmento del cuento: Fin de Viaje.

Libro: Nombre Falso

Autor: Ricardo Piglia

 

Perdido en el hall de la estación semivacía, Emilio Renzi mira los andenes mal iluminados, la luz amarillenta que se extravía en la oscuridad. Frágil, envejecido, viste un abrigo negro que lo empalidece, acentuando su aire torvo y abstraído. Faltan quince minutos para la salida del ómnibus, detrás de los cristales empañados los árboles de Plaza Constitución se disuelven en la neblina. Los que viajaban con él eran pocos, nueve o diez personas que se amontonaban frente a una valla de madera que los separaba del andén. Tenían el rostro lívido y ansioso de los que van a Mar del Plata en invierno, fuera de temporada, los días de Casino. En un costado, cerca del mostrador, donde se despachaba el equipaje, una mujer, alta, de pelo colorado, envuelta en un tapado de piel, parecía discutir con un hombre suave y elegante, de sombrero y bigote fino.

Emilio Renzi esperó que todos subieran al ómnibus y entró; su asiento estaba en medio del coche, caminó por la alfombra de goma del pasillo, cruzando de perfil entre los que terminaban de acomodarse y se ubicó junto a la ventanilla. Afuera la niebla era una bruma azulada que cubría la ciudad. La mujer de pelo colorado estaba sentada a su derecha, al otro lado del pasillo. El hombre que la acompañaba se había quedado solo, de pie en el andén desierto. La mujer fumaba sin mirarlo, ausente, una valija de mano apoyada en las rodillas. Cuando el ómnibus se puso en marcha, el hombre siguió inmóvil, flotando en la claridad gris, quieto y sosegado, una mano alzada saludando al vacío.

Texto para realizar un Story-Board 2

 

Después de varios años en la cárcel, Leonardo sale en libertad.

Un domingo a la tarde, con un radiante sol de verano, vistiendo un traje negro y con un maletín en su mano derecha, cruza la última alambrada del presidio.

En su rostro duro y envejecido, hay una expresión de desconcierto. Mira hacia lo alto de la plataforma de la garita de guardia y camina hacia un gran playón de estacionamiento, en cuyo centro hay un mástil con una bandera.

Llega al mástil y espera que lo vengan a buscar. Prende un cigarrillo y mira la hora. En su rostro no hay ansiedad.

Al rato, un automóvil irrumpe en el playón y se detiene a varios metros de él. Alicia baja del auto y ambos se saludan con las manos y una sonrisa. Se acercan y se dan un abrazo afectuosos. Suben en el auto y se van.

 

Llegan a un recreo muy arbolado junto al cual corre un río. Sobre el césped muchas familias están haciendo picnic. Muchos toman sol y grupos de chicos juegan por todos lados.

Leonardo camina entre ellos mirándolos y Alicia lo sigue unos pasos atrás. Leonardo mira los cuerpos en bikini de las muchachas que se tiran a nadar. Desde la rama de un árbol, junto al río, cuelga una soga, desde la cual los pibes se balancean y se arrojan al río, gritando y chapoteando en el agua.

Leonardo se saca el saco, corre hacia la cuerda y se arroja al río. Alicia lo sigue.

Los dos en el agua, se abrazan y juegan riendo de felicidad.

 

Texto para realizar un Story-Board 3

 

            Colocó el libro abierto sobre la colchoneta, se puso en pie y se dirigió a la puerta del desván. Con el corazón palpitante, escuchó un rato. Todo estaba en silencio. Descorrió el pestillo e hizo girar lentamente la gran llave en la cerradura. Cuando hizo presión sobre el picaporte, la puerta se abrió con un fuerte chirrido.

 

            Se deslizó en calcetines dejando detrás la puerta abierta para no tener que hacer otra vez ruidos innecesarios.

Luego bajó de puntillas por la escalera hasta la primera planta. Delante de él tenía el pasillo, con las puertas de las aulas pintadas de verde espinaca. El baño de los alumnos estaba al extremo opuesto. No había tiempo para nada y Bastián corrió cuanto pudo; llegó al lugar salvador literalmente en el último momento.

 

Texto para realizar un Story-Board 4

 

A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde, y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado adonde iba. El sol, se filtraba entre los altos edificios del centro, y él montó en la máquina saboreando el paseo. La moto ronroneaba entre sus piernas, y un viento fresco le chicoteaba los pantalones.

 

Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas de la calle central. Ahora estaba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos. Quizá algo distraído, pero corriendo sobre la derecha como correspondía, se dejó llevar por la tersura, por la leve crispación de ese día apenas empezado. Tal vez su involuntario relajamiento le impidió prevenir el accidente.

 

Cuando vio que la mujer parada en la esquina se lanzaba a la calzada a pesar de las luces verdes, ya era tarde para las soluciones fáciles. Frenó con el pié y la mano, desviándose a la izquierda; oyó el grito de la mujer, y junto con el choque perdió la visión. Fue como dormirse de golpe.

Texto para realizar un Story-Board 5

 

La Travesía

Autor: Rodolfo Otero

Carmen, Mercedes, Ignacio y Mariano duermen alrededor de una pequeña fogata. Gabriel, bajo el peso de la responsabilidad, no puede descansar. De repente oye pasos con toda claridad y se sobresalta. A sus espaldas, Mariano se despierta.

MAriano

¿ Oíste eso?.

Gabriel asiente con la cabeza y sigue atendiendo. El sonido se repite.

Gabriel manotea el trabuco y se para. Toma una rama larga y la enciende en la fogata, luego la empuña para utilizarla como antorcha. Mariano lo sigue.

Comienzan a internarse en el monte. Van muertos de miedo.

Gabriel se frena junto a un árbol. Siente que alguien le toca la espalda. Se sobresalta. Se vuelve y descubre a Mariano. El miedo hace que se enoje un poco.

Gabriel

¿ Por qué no mirás por dónde caminás, estúpido?.

Mariano se confunde.

Mariano

Si te parás de golpe...

Sin saberlo, siguen acercándose. Una mano ensangrentada enfrente a ellos los detiene.

Gabriel acerca la antorcha y descubre el rostro barbudo de un hombre que los mira con desesperación de fiera acosada, la otra mano del hombre empuña un facón.

Los chicos se asustan más.

El hombre distingue que se trata de chicos y baja el cuchillo. Inmediatamente se tambalea y cae al suelo.

Los chicos se acercan, ahora con más curiosidad que temor. Gabriel lo contempla.

Gabriel

Tenemos que llevarlo.

Mariano duda.

Mariano

Pero... ¿ y si es un asesino?.

A mí me parece que...

 Gabriel trata de convencerlo.

Gabriel

Está herido Mariano....

Y... Cualquier cosa tenemos el trabuco.

Los chicos lo transportan como pueden a través del monte...

Texto para realizar un Story-Board 6

 

La Sirena

Autor: Ray Bradbury

 

El monstruo estaba ahora a no más de cien metros, y él y la sirena se gritaban alternadamente. Cuando la luz caía sobre ellos, los ojos del monstruo eran fuego y hielo, fuego y hielo...

... El monstruo se acercaba al faro.

La sirena llamó.

McDunn.

Veamos que ocurre

 Apagó la sirena.

El minuto siguiente fue de un silencio tan intenso que podíamos oír nuestros corazones que golpeaban en el cuarto de vidrio, y el lento y lubricado girar de la luz.

El monstruo se detuvo. Sus grandes ojos de linterna parpadearon. Abrió la boca. Emitió una especie de ruido sordo, como un volcán. Movió la cabeza a un lado y a otro como buscando los sonidos que ahora se perdían en la niebla. Miró el faro. Algo retumbó otra vez en su interior. Y se le encendieron los ojos. Se incorporó, azotando el agua, y se acercó a la torre con ojos furiosos y atormentados.

Jonny

-¡McDunn!... ¡La sirena!

McDunn buscó a tientas el obturador. Pero antes que la sirena sonase otra vez, el monstruo ya se había incorporado. Vislumbré un momento sus garras gigantescas, con una brillante piel correosa entre los dedos, que se alzaban contra la torre. El ojo derecho de su angustiada cabeza brilló ante mí como un caldero en el que se podía caer, gritando. La torre se sacudió. La sirena gritó; el monstruo gritó. Abrazó el faro, y arañó los vidrios, que cayeron hechos trizas sobre nosotros.

McDunn me tomo por el brazo.

McDunn

 ¡Abajo!

La torre se balanceaba, tambalaeaba, y empezaba a ceder. La sirena y el monstruo rugían. Trastabillamos y casi caímos por la escalera.

McDunn

¡Rápido!

Llegamos abajo cuando la torre ya se doblaba sobre nosotros. Nos metimos bajo las escaleras en el pequeño sótano de piedra. Las piedras llovieron en un millar de golpes. La sirena calló bruscamente. El monstruo cayó sobre la torre, y la torre se derrumbó. Arrodillados McDunn y yo nos abrazamos mientras el mundo estallaba.

Todo terminó de pronto, y no hubo más que oscuridad y el golpear de las olas contra los escalones de piedra.

Eso y el otro sonido... 

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